Pascual Fernández

Pascual Fernández

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Desde la otra orilla, recuerdos…

17 de julio de 2008 por Carmen

Todavía después de siete meses no me había atrevido a escribir nada que directamente hablara de tu partida. Pero hoy el día está revuelto aquí en la playa, tampoco es mi mejor día, quizá uno de esos días en que un cúmulo de sensaciones y sentimientos abarcan mi mente, pero es que desde que estoy aquí en la playa, la ausencia de Pascual se ha hecho todavía más dolorosa, y no hay día que al pasar por la casa me acuerde de los veranos que estuvimos juntos.

Recuerdo como si fuera ayer las palabras que me dijiste cuando después de  la muerte de Pascual nos encontramos. Nosotros estábamos en Sevilla de viaje y una angustia vital removió nuestro cuerpo, era como una náusea en el corazón.  Jesús lloró cuando le anunciaron la muerte de su amigo, creo que no hay otra cita en el Evangelio en la que cuenten que se le viera llorar. Tú me dijiste, Carmen, cuando yo te pedía ‘disculpas’ por no haber podido estar contigo, que luego me necesitarías, que cuando cada uno volviera a su casa, que cuando los ánimos se enfriasen y volviera cada cual a su rutina, que entonces sabías que los amigos seguiríamos estando aquí,  y por eso no es necesario que me digas nada… esa noche también me dijiste: quiero que Manolo conozca esta historia… solo ha sido cuestión de mover los hilos.

Carmen esto para mi era un homenaje a Pascual, sabías que tenia que estar ahí contigo y con Él, OS LO DEBÍA. Es cierto que las música de Manolo siempre nos acercará a Pascual, yo de hecho no era una de sus seguidoras hasta que el año pasado él mismo me grabó un cd con su música para que fuera al concierto ‘preparada’ me dijo, y a raíz de ahí me gustó. Pero sin lugar a dudas lo que más me acerca a Pascual, creo que a todos, es la sonrisa de Jorge; ahí sí que estás y como siempre te recuerdo riéndote, me imagino lo bien que te lo pasarías en el concierto viéndonos con el trajín que llevábamos con la carta, con los nervios, como si fuéramos quinceañeras detrás de nuestro ídolo, pero yo sabía que Carmen lo conseguiría, porque cuando todo parecía que estaba perdido dije en el mismo idioma que tú y yo nos hablábamos:  Pascual échanos una mano! Y ahora te digo: pues sigue amigo, pues sigue…
 
Trini

 

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Hermanos gemelos

15 de julio de 2008 por Carmen

Mi conocimiento de Pascual data de mucho tiempo atrás y lo recuerdo con mi hermano, como hermanos gemelos. Mi hermano y él eran como las parejas míticas de superhéroes, siempre dispuestos a ayudar, siempre amigos de sus amigos, siempre sirviendo y protegiendo al débil, siempre creando buen rollo entre todos los que los conocían.

Pasó el tiempo y la que ahora comparte la vida con mi hermano resultó ser la gemela de Carmen, la mujer de Pascual (the big man), ella también se llama Carmen, también tiene dos hijos, también, al igual que cualquiera que se cruzara en la vida de este gran hombre, mejor, esta gran persona, le echamos de menos, añoramos sus risas, sus historias, su compañía, pero nos queda a todos una verdad evidente: LA VIDA NO PUEDE ACABAR AQUÍ.

 Mariano Nieto

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Gracias por el tiempo que has estado con nuestros hijos

14 de julio de 2008 por Carmen

Hola Pascual,

Nos ha costado, pero teníamos muchas ganas de escribirte en esta página tan bonita que te han hecho en internet.

Somos dos madres del curso de 1C de C.P. de Llano de Brujas, que te cogieron muchísimo cariño en el poco tiempo que te conocimos, junto con nuestras hijas, tres alumnas que no te pueden olvidar: Alicia, Marta y Natalia.

Nosotras, como otras madres, hace poco que sabemos de la existencia de esta página, la cual nos está ayudando mucho tanto a nosotras como a nuestros hijos.

Desde aquí un beso para Carmen y sus niños, pensamos en vosotros.

Pascual, te damos las gracias por el regalo que nos hiciste. Nos regalaste a nosotras y sobre todo a nuestros hijos, el conocerte aunque solo haya sido durante tres meses.

Estamos sorprendidas del enorme cariño que te cogieron. Desde el primer día vimos la conexión que había entre los niños y tú. Todos estaban contentísimos, a la vez que aprendían, se divertían contigo. Ellos siguen hablando mucho de tí, todo esto les está costando mucho.

Gracias a esta página que te han hecho, hemos podido sacarles fotos tuyas, ya que no tenían ninguna. Cuál fue nuestra sorpresa que al darles la foto la han colocado al lado de su cama y le dan un beso de buenas noches. Nos parte el alma oirles hablar de tí, no pueden olvidarte y te quieren muchísimo.

¿Cómo Dios se ha podido llevar a alguien tan bueno?, mil veces nos lo preguntan y qué difícil es darles una explicación, cuando tú también lo piensas.

Cada vez que te recordamos se nos llenan los ojos de lágrimas, no podemos evitarlo. Nos encantabas como profesor y sobre todo como persona. No solo les enseñabas a nuestro hijos, sino que también les transmitías mucho amor y tranquilidad. Siempre te estabas riendo y gastando bromas con ellos. Todos te quieren y siguen recordándote. Todos sus recuerdos son buenos y alegres, porque así eras tú. Te preocupabas por todos y eras superatento. No sólo te preocupabas de tus alumnos como profesor, sino también como amigo.

PASCUAL, eres una bellísima persona y en tu clase de 1º C del Colegio Juan Carlos I, de Llano de Brujas se ha quedado un vacío muy grande. Sabemos que tú desde el cielo nos vas a ayudar a que nuestros hijos no se pongan tristes pensando en tí, sino a que sonrían como a ti te gustaría verlos.

GRACIAS POR EL TIEMPO QUE HAS ESTADO CON NUESTROS HIJOS.

Un beso del que siempre va a ser tu curso.

Nunca te olvidaremos

TOÑI Y ALICIA

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Carta a Manolo García

6 de julio de 2008 por Carmen

Mi vida en los últimos meses se teje de incontables “casualidades”. Tus canciones son parte de ellas. Supongo que la historia que te voy a contar en poco difiere de las muchas que llegan a tus oídos, pero me gustaría que leyeras con atención este trozo de mi vida.
 
Me llamo Carmen, tengo 35 años, soy profesora de literatura, tengo dos hijos, y hasta hace seis meses yo estaba casada: el siete de diciembre murió mi marido, Pascual. Muy resumida, esta es mi historia, esto es todo lo que soy hasta el día de hoy. Y si me he decidido a llegar hasta ti es porque tú eres parte importante de mi pasado, parte importante de mi esperanza.
 
La muerte, si sabemos mirarla, puede dotarnos, al menos durante el tiempo suficiente, de un “estado especial de gracia” con el que leer los acontecimientos cotidianos.  Mi historia en los últimos meses se puebla de palabras certeras, de cartas llegadas a mis manos en fechas significativas, de rostros que hacen su aparición justo en el momento preciso. En abril me enfrentaba con sobrecogimiento a una de estas casualidades: el single  elegido para la promoción de tu nuevo álbum llevaba el significativo título de “No estés triste”.
 
Quizá te parezca un tanto pueril si pienso que esta canción no es casual. Quizás te parezca un tanto egocéntrica si digo que esta canción parece haber sido compuesta para mí. Tal vez creas que rozo la locura si escucho a Pascual gritándome desde no sé donde:

no estés triste, amor, prueba a surcar ríos aunque el agua sólo llegue a tus rodillas o te cubra y esté fría. Verás, (Carmen) que hay más que la corona de espinas bajo la que te resguardas. Prueba a ser látigo y restallar a la modorra de los sentimientos, ladera para que resbalen las penas. Prueba a regalar inasible tu entereza, a sentir que reverdeces, que creces en la entrega. Prueba a surcar  ríos aunque sean ramblas de cantos. Verás que hay más… por eso, no estés triste, amor.

Por eso te decía que formas parte de mi esperanza. Por eso sé que estoy en deuda contigo. Estamos en deuda contigo. Porque tu música esta ligada a Pascual de por vida. Cuando estrenaste “Arena en los bolsillos” yo le regalé el disco a Pascual con una nota que acababa de la siguiente forma:” la felicidad de hoy es tan sutil y tan veraz como la del hombre que, cansado y en paz consigo mismo, vuelve a casa sin más prueba de lo vivido que un montón de arena en los bolsillos”. Hoy a mí no me quedan más pruebas de lo vivido con mi marido  en estos años que mis dos hijos y un montón de arena en los bolsillos.
 
Casi siento pudor al mandarte esta carta, y sobre todo, tengo dudas, muchas dudas. Verás, Pascual era un incondicional de tu música, “San Manolo” te llamaba, pero nunca estuvo interesado en conocerte, nunca le preocupó tu vida privada, era un fan poco al uso; en cambio, sí que escribió un cuento titulado “Track 07 “a partir de la canción “Mientras observo al afilador” que espero, algún día puedas leer.
 
El día de su entierro yo quería hablar en nombre de mi marido, pero no sabía qué decir, todo sucedió tan aprisa: Pascual murió de repente, una noche, mientras dormíamos. A mí sólo se me ocurrió leer una canción tuya, ligada casi a mis primeros recuerdos con él y que simbolizaba todo lo que él era y lo que aspiraba a ser: “En mi pecho”. Días después, en otra celebración, tuvimos la osadía de concluir con otra canción tuya: “Canta por mí”. Desde entonces más que nunca, todos los que conocieron a Pascual escuchan tu música como si de su legado personal se tratase.

Por eso tengo esta deuda pendiente: sé que a él, esté donde esté, le gustará saber que ahora sí, y pese a la contradicción, tú sabes que existe.

 
 
* * * * *
 
 
Esta es la carta que me propuse que llegara hasta las manos de Manolo García. Y, finalmente, llegó, pero os aseguro que no fue fácil. Me gustaría contaros los detalles de esta historia, que al fin resultó ser una historia de las que a mí me gustan, perfectas para ser narradas.
 
Llegamos a la plaza de toros a las 8.30, tarde, porque las puertas se abrían a las 8. Yo venía del campo de dejar a los nanos con mis padres y apenas me dio tiempo de meterme los pantalones y pintarme un poco. Nada más llegar, llamé a Manolo Robles, el periodista de La Verdad que había prometido llevarme hasta el García. Salió a atenderme rápidamente y con mucha amabilidad me contó que vería a la hermana de Manolo antes del concierto y yo misma podría entregarle la carta. Tuvimos que esperar Belén y yo una larga hora, que inevitablemente nos recordó a tantas esperas durante tantas oposiciones que los tres habíamos compartido en los últimos años. Finalmente, Carmen nos recibió y se aventuró a insinuar que quizá después del concierto, si Manolo no estaba muy cansado, podría atenderme un momento. Disfrutamos del concierto. Para mí fue experimentar algo que ya había sentido en Granada, cuando el 31 de mayo fuimos a verlo: supe exactamente qué sentía Pascual en sus conciertos; lo supe, cuando en Granada escuché en una de sus canciones: “tu parte del camino la haré yo”.
 
Cuando terminó el concierto, acudimos al sitio convenido, pero la espera duró poco, porque un “fan de los de verdad” se enfrentó con un miembro de seguridad del equipo de Manolo y nos echaron de allí. Iba yo por el lateral de la plaza de toros, tan desencantada que había decidido comerme la mitad del bocata que me había comprado en el concierto, cuando, me sonó el móvil. Era Carmen, la hermana de Manolo y me preguntaba que donde estaba y que me diera prisa que Manolo quería verme. Nos dimos la carrera más intensa de nuestra vida y por fin llegamos, justo cuando el guardia de seguridad cerraba la puerta. Le conté que me había llamado Carmen y que tenía que pasar.  Su cara de perplejidad era un poema y sus palabras me parecieron un insulto, que ¿qué Carmen me había llamado? Finalmente salió alguien del equipo y nos condujo hasta el sitio en el que Manolo y sus músicos iban a cenar. Allí estaba de nuevo mi adorado Manolo Robles, mi Caronte particular en ese descenso a los “infiernos”. También estaba Carmen que me pidió brevedad porque Manolo estaba muy cansado. Me acerqué hasta él y me dio dos besos. Me contó que acababa de leer la carta y hablamos brevemente de Pascual y sobre todo de mis hijos. Me hice una foto, le di las gracias y él me devolvió un abrazo. Cuando salía, mi cara debía ser tan contradictoria que el miembro del equipo que me había conducido por aquellos pasillos hasta él, me preguntó qué pasaba con mi cara si lo había conseguido ya. Y lo mejor, mi momento particular de gloria, fue cuando al salir, ante el grupo de gente que seguía esperando a Manolo, yo proclamé, tipo diva, que Manolo iba a cenar, que estaba muy cansado y que no atendería a nadie más. Supongo que fue mi noche, la noche de Pascual. Aquel simple encuentro desencadenó nuevos e intensos  matices en mi forma de añorar a Pascual hasta ese momento.
 
Fue un placer compartir el concierto con mis amigos, especialmente con Trini, ella es la verdadera responsable de esta bella historia. Ella es el primer eslabón de este cúmulo de “casualidades” que, una vez más, me recuerdan que nada es casual en mi vida desde que Pascual ya no está en ella.

Publicado en: Carmen

Vidas

2 de julio de 2008 por Carmen

 

Como dijo John Lennon, la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes. Y probablemente a él como a todos nos sucede también le ocurrió, seguro que tendría miles de cosas que enseñar a sus alumnos, miles de momentos que compartir con sus compañeros, miles de lugares a los que ir, miles de personas a las que conocer y millones de caricias que regalar a sus seres queridos.

Hoy desde mi desconocimiento, ya que no llegué a conocerlo, he tenido el atrevimiento de dedicarle unas palabras, para así dejar constancia del escalofrío que recorrió mi cuerpo, al enterarme de la trágica noticia de la muerte de un compañero al que ni tan siquiera conocía, y de cómo sería a partir de ese momento la vida de las personas que le rodeaban, sin poder imaginar en aquel instante que el destino, me regalaría meses más tarde la posibilidad de conocer a algunas de estas personas que habían significado mucho para él. Y sin poder imaginar también que después de conocer a algunas de ellas, iba a llegar a tener la absoluta certeza de que había sido alguien que había tenido una vida completa y plácida, y que en ningún momento se había entregado a una muerte anticipada, sino que ésta le habría llegado después de haber exprimido la vida; ya que vivir no es únicamente estar en la vida, sino participar, vivir es saber por propia experiencia qué es el amor, vivir también es cuando tropezamos y nos levantamos para volver a la lucha, vivir es levantarse cada día de la cama como si todo fuera nuevo, y aprovechar cada instante como si fuera el último, porque el instante que se va no vuelve.

También he deseado que sus seres más cercanos sigan al igual que él, exprimiendo la vida, gracias al impulso que les dejó, a la inercia con que a diario les empuja, al deseo inalterable que les trasmitió para que se cumplan todos sus sueños, para que de este modo sean capaces de vivir de la misma forma que él lo hizo, ya que también estoy seguro que a partir de aquel día, para ellos la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

                           

Diego Morales Gómez

Publicado en: Recuerdos

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