Todavía después de siete meses no me había atrevido a escribir nada que directamente hablara de tu partida. Pero hoy el día está revuelto aquí en la playa, tampoco es mi mejor día, quizá uno de esos días en que un cúmulo de sensaciones y sentimientos abarcan mi mente, pero es que desde que estoy aquí en la playa, la ausencia de Pascual se ha hecho todavía más dolorosa, y no hay día que al pasar por la casa me acuerde de los veranos que estuvimos juntos.
Recuerdo como si fuera ayer las palabras que me dijiste cuando después de la muerte de Pascual nos encontramos. Nosotros estábamos en Sevilla de viaje y una angustia vital removió nuestro cuerpo, era como una náusea en el corazón. Jesús lloró cuando le anunciaron la muerte de su amigo, creo que no hay otra cita en el Evangelio en la que cuenten que se le viera llorar. Tú me dijiste, Carmen, cuando yo te pedía ‘disculpas’ por no haber podido estar contigo, que luego me necesitarías, que cuando cada uno volviera a su casa, que cuando los ánimos se enfriasen y volviera cada cual a su rutina, que entonces sabías que los amigos seguiríamos estando aquí, y por eso no es necesario que me digas nada… esa noche también me dijiste: quiero que Manolo conozca esta historia… solo ha sido cuestión de mover los hilos.

Mi conocimiento de Pascual data de mucho tiempo atrás y lo recuerdo con mi hermano, como hermanos gemelos. Mi hermano y él eran como las parejas míticas de superhéroes, siempre dispuestos a ayudar, siempre amigos de sus amigos, siempre sirviendo y protegiendo al débil, siempre creando buen rollo entre todos los que los conocían.
Somos dos madres del curso de 1C de C.P. de Llano de Brujas, que te cogieron muchísimo cariño en el poco tiempo que te conocimos, junto con nuestras hijas, tres alumnas que no te pueden olvidar: Alicia, Marta y Natalia.
Mi vida en los últimos meses se teje de incontables “casualidades”. Tus canciones son parte de ellas. Supongo que la historia que te voy a contar en poco difiere de las muchas que llegan a tus oídos, pero me gustaría que leyeras con atención este trozo de mi vida.
Por eso te decía que formas parte de mi esperanza. Por eso sé que estoy en deuda contigo. Estamos en deuda contigo. Porque tu música esta ligada a Pascual de por vida. Cuando estrenaste “Arena en los bolsillos” yo le regalé el disco a Pascual con una nota que acababa de la siguiente forma:” la felicidad de hoy es tan sutil y tan veraz como la del hombre que, cansado y en paz consigo mismo, vuelve a casa sin más prueba de lo vivido que un montón de arena en los bolsillos”. Hoy a mí no me quedan más pruebas de lo vivido con mi marido en estos años que mis dos hijos y un montón de arena en los bolsillos.
Llegamos a la plaza de toros a las 8.30, tarde, porque las puertas se abrían a las 8. Yo venía del campo de dejar a los nanos con mis padres y apenas me dio tiempo de meterme los pantalones y pintarme un poco. Nada más llegar, llamé a Manolo Robles, el periodista de La Verdad que había prometido llevarme hasta el García. Salió a atenderme rápidamente y con mucha amabilidad me contó que vería a la hermana de Manolo antes del concierto y yo misma podría entregarle la carta. Tuvimos que esperar Belén y yo una larga hora, que inevitablemente nos recordó a tantas esperas durante tantas oposiciones que los tres habíamos compartido en los últimos años. Finalmente, Carmen nos recibió y se aventuró a insinuar que quizá después del concierto, si Manolo no estaba muy cansado, podría atenderme un momento. Disfrutamos del concierto. Para mí fue experimentar algo que ya había sentido en Granada, cuando el 31 de mayo fuimos a verlo: supe exactamente qué sentía Pascual en sus conciertos; lo supe, cuando en Granada escuché en una de sus canciones: “tu parte del camino la haré yo”.
di las gracias y él me devolvió un abrazo. Cuando salía, mi cara debía ser tan contradictoria que el miembro del equipo que me había conducido por aquellos pasillos hasta él, me preguntó qué pasaba con mi cara si lo había conseguido ya. Y lo mejor, mi momento particular de gloria, fue cuando al salir, ante el grupo de gente que seguía esperando a Manolo, yo proclamé, tipo diva, que Manolo iba a cenar, que estaba muy cansado y que no atendería a nadie más. Supongo que fue mi noche, la noche de Pascual. Aquel simple encuentro desencadenó nuevos e intensos matices en mi forma de añorar a Pascual hasta ese momento.