Pascual Fernández

Pascual Fernández

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La conexión de los puntos

19 de mayo de 2008 por Carmen

Me vais a permitir que reproduzca un vídeo que hace unos días llegó a mis manos. Pertenece al discurso pronunciado por Steve Jobs (co-fundador y presidente de Apple) en la universidad de Stanford.
 
(primera parte)
(segunda parte)
 
A partir de esta reflexión, que os invito a ver completa, mi hermano y yo discutíamos acerca de lo acertado o no de “la conexión de los puntos”. Él, con su pensamiento siempre certero, concluyó que esta era una idea puramente romántica porque, la mayoría de las veces, los puntos no se conectan al volver la vista atrás. Yo lo escuché como siempre llena de expectación, pero tímidamente le dije, “no, no llevas razón, la vida de Pascual, te aseguro, conectó todos y cada uno de sus puntos en los últimos meses: su auténtica vocación profesional, la certeza de sentirse querido por nosotros, y, sobre todo, su propio valor como persona habiendo sido capaz de aceptar y amar hasta el último repliegue de su alma. Y yo, te aseguro –continué- necesito creer que mi vida, al cabo de los años, encontrará el sentido escondido para todos y cada uno de los acontecimientos decisivos que he vivido; necesito creerlo, le dije; necesito creer que mi vida no es producto del azar, que yo no soy una víctima de un dios que lanza los dados y se juega nuestros destinos a una carta, necesito creerlo”, -le insistía con obstinación.
 
Días después, en una comida con una amiga, volvía a contarle lo preocupada que estaba porque, sin quererlo, la sensación de sentirme una víctima estaba cobrando mucha fuerza. “Siento, le decía entre lágrimas que yo no he elegido esta vida, que yo no he hecho nada para merecer esto”. Ella, que me conoce tanto y que ha sabido iluminar mejor que nadie todas mis contradicciones, me dijo algo que me liberó de toda la rabia contenida: “realmente sí has elegido, Carmen. Podías haber elegido no casarte con Pascual; podías, incluso, haber flaqueado en los momentos difíciles; pero has elegido ser una mujer viuda con dos hijos, y eso sí lo has elegido tú”. Afortunadamente, el camarero ya nos conoce y sabe que formamos una extraña pareja que come, ríe y llora sin una lógica aparente.  
 
Me gustaría decir que, a pesar de conocer el sufrimiento y la profunda desesperación de estos meses, volvería a elegir vivir esta vida de nuevo si tuviera la oportunidad de hacerlo. Aunque, lo cierto es que no tendría fuerzas para pasar dos veces por esta senda sin derrumbarme. Espero, algún día, cuando los puntos se conecten, poder reconciliarme con la aparente inutilidad de este dolor de mayo. Mientras tanto, vivo profundamente agradecida y reconciliada con los que comparten mi pan y mis lágrimas de cada día.

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Hola Carmen, yo también lo pensé

12 de mayo de 2008 por Carmen

Hola Carmen:

Leí tu mensaje con lo de las casualidades y te puedo decir que desde que oí esa canción y sin saber nada pensé en lo que tú también pensaste. Esa canción es un grito que Pascual te hace desde su cielo y te está diciendo que está ahí contigo, apoyándote e inspirándote. No creo que sea una casualidad, es más, esperaba impaciente su próximo disco porque sabía que él era de los primeros en comprarlo, y me decía que era un pecado tenerlo pirata. También le echaré de menos porque siempre me explicaba lo que esas canciones querían decir, pero ahora las escucharé con el corazón e intentaré obtener sus enseñanzas. Espero no ponerte triste. Recibe un fuerte beso de Inma Cabeza desde Alicante.

 

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Pérdidas

7 de mayo de 2008 por Carmen

“Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas, y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Sé que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado. (…) Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos. Ilión fue, pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una elegía. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujetos a la víspera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos”.
J. Luis Borges. Los conjurados.

Pienso esta noche en todo lo que he perdido, y mis pérdidas se remontan más allá de Pascual, más allá de cuando no podía asociar el concepto de la muerte al nombre de un ser querido. Estar vivo significa necesariamente perder a personas que amamos, a personas que formaron parte de nuestra vida durante un tiempo limitado. Esas pérdidas, ajenas a la muerte, nos preparan para otras pérdidas más definitivas, son como pequeños ensayos que nos permiten afrontar la muerte con mayor serenidad. Porque, a veces, las personas, se nos mueren en vida. Pascual y yo, por ejemplo, lloramos juntos la salida de nuestras vidas de un amigo que fue para nosotros como un hermano, y aquello fue como una muerte. Saber que esa persona seguirá viviendo, quizá no lejos de nosotros y aceptar que nunca más formará parte de nuestra historia es un dolor muy parecido al de la muerte real. Los grandes jalones de nuestra existencia, al final, siempre están ligados a las pérdidas. Aprendemos a vivir sin aquellas personas que un día lo fueron todo para nosotros. Y el recuerdo casi siempre se vuelve amargo.
 
A veces, las pérdidas llevan consigo un aprendizaje, pero, la mayoría, las pérdidas son enormes vacíos que se nos enquistan en el alma y nos llenan de impotencia y de rabia al constatar que no podemos hacer nada por cambiar la realidad, que no podemos evitar que salga definitivamente de nuestras vidas aquel que ya no quiere estar, por mucho que nos aferremos, por mucho que luchemos. Y seguimos viviendo, con la esperanza vana de que algún día, mientras paseamos, podamos encontrarnos de lleno con aquel rostro ya desdibujado por el tiempo para, al menos, comprobar que sigue vivo. Y frecuentamos los amigos comunes con la ilusión y el temor de escuchar noticias suyas. Y cargamos nuestras espaldas con esos pesados fardos que solo el tiempo aligera, pero que nos negamos a perder porque, en definitiva, esos nombres, ligados a tiempos concretos es lo único que nos va quedando de la persona que un día fuimos, y es lo que de una forma azarosa o preconcebida nos ha llevado hasta este hombre, esta mujer, que hoy somos. Por tanto, si para algo estamos entrenados es para la pérdida: desde el primer paraíso perdido, que es para mí la niñez, hasta mi última y gran definitiva pérdida, que es la de la muerte.

Pero la muerte añade respecto a la pérdida un matiz aplastante: es irrevocable. Mientras vivimos, todo puede cambiar, cabe incluso la esperanza de recobrar a aquel amor adolescente incluso en la vejez. Pero, la muerte es como una losa cuyo peso va en aumento al constatar que ya nada queda para la improvisación o la sorpresa, que esa historia está definitivamente zanjada. Ese dolor tiene una magnitud que yo sólo había intuido. Por eso, creo que solamente una vida capaz de justificarse en sí misma puede convertir la pérdida en un paraíso para el recuerdo de los que permanecen.
 
Después de la experiencia de la muerte, sólo me queda pedir que a partir de ahora, ya consciente del riesgo de la pérdida, sólo me esfuerce por compartir la vida con personas que puedan ser recordadas con gratitud y con amor cuando ya formen parte de nuestro recuerdo. Debo decir que mis recuerdos, a día de hoy, están en deuda con todas y cada una de mis perdiciones. Deseo de corazón que vuestro balance también salga positivo.

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En recuerdo a un gran ser humano

7 de mayo de 2008 por Carmen

En primer lugar quisiera dar las gracias, a la persona/as, que han tenido esta bonita y emotiva idea de crear esta página web.

Decir simplemente que no conocía personalmente a Pascual (eso es un poco lo que me faltó), pero he hablado por teléfono y también a través del correo electrónico muchísimas veces, y os puedo decir que era tanta la bondad de Pascual, que daba la sensación como si lo conociese de toda la vida, una persona siempre predispuesta a ayudar a los demás. En fin a veces es difícil encontrar palabras para estas buenas personas, solamente nos queda la esperanza de que allá donde esté encuentre el cariño y los amigos que tuvo en esta tierra.

Te envío Pascual, este último email con la esperanza de que te llegue y sepas lo mucho que se te echa de menos por aquí.

Atte. Gabriel y Teresa

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Supermamá

4 de mayo de 2008 por Carmen

Supermama del año. ¿Ves? ya tienes título no tengas pena, este año te lo has ganado Y CON CRECES. Y solo los que estamos cerca lo sabemos. Porque te vemos todos los días arrastrando tu cansancio, oculto por las gafas de sol. Tu sonrisa nos dice tanto de tu tristeza… Belén, Jorge bien podéis estar orgullosos de vuestro padre. Pero espero y deseo que algún día seáis conscientes de lo que vuestra madre os quiere.
 
Trini Torres 

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