Pascual Fernández

Pascual Fernández

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Llegó el día en que fuisteis uno

18 de octubre de 2008 por Carmen

Hola Carmen:

He leído tu aventura con Manolo y me he alegrado mucho de que lo hayas conocido y le hayas hablado de su mayor fan, mi amigo Pascual. Realmente sus canciones siempre me recuerdan a él, me hablan por él y me llenan de sonrisas, aunque sean tristes, porque hacen que mantengamos su amistad. Estoy segura que estaría feliz de verte, por eso me vino a la cabeza una frase de sus canciones pensando que «llegó el día en que los tres fuisteis uno».

Un beso de Inma Cabeza, Alicante.

Publicado en: Recuerdos

Tomar decisiones

16 de octubre de 2008 por Carmen

camino con curva
 

“Mas allá de la curva del camino
Tal vez haya un pozo y tal vez un castillo,
O tal vez tan sólo continúe el camino (…)
Por ahora tan sólo sabemos que ahí es donde no estamos.
Aquí no hay más camino que el de antes de la curva, y antes de la curva
El camino que hay no tiene curva alguna”.

    Fernando Pessoa

 

Cuántas veces nos vemos abocados  a tomar decisiones a tientas, sin saber lo que es mejor o peor para nosotros. Cuántas veces libramos “batallas mortales en esa contradicción inevitable entre lo que debió haber sido y no es”. Y sorprendidos, comprobamos que nuestra realidad nos asalta como un atracador en plena noche y nos deja despojados de toda esperanza. Porque hay dolores incomprensibles, dolores a destiempo…sobre todo cuando sentimos que:
 

“Fue tiempo de soñar, y sin embargo /Estaban ya las cartas repartidas”

 

 
Soñar

 

Quizá lo que mis padres jamás le perdonarán a la vida es que aún era tiempo de soñar para mí. Posiblemente, el dolor más desgarrador es el que le infligen a nuestros hijos; lo sé ahora que soy madre. Pero también sé como hija que el dolor a veces nos hace fuertes, que a veces elegimos pese a nuestra desgracia seguir luchando, seguir viviendo, y que esa es, en definitiva, la única decisión importante, la única decisión de la que nunca nos podremos arrepentir. Y yo, a día de hoy, tengo la certeza de que elegí seguir viva tras la muerte de Pascual porque hay amores incondicionales, porque tuve la suerte de escuchar desde siempre palabras como estas de Celine Dion:
 

“Si pudiera
Te protegería de la tristeza de tus ojos
Te daría coraje para sobrellevar este mundo
Imperfecto
Sí, lo haría (…)

niña llorandoSi pudiera
Me convertiría en tu escudo
Para prolongar tu inocencia
Mas la parte de vida que te di ya no me
Pertenece
Te he visto crecer, ahora debería dejarte
Partir

Si pudiera
Te ayudaría a superar
Los años difíciles
Pero sé que nunca podré llorar con tus
Lágrimas
Pero lo haría
Si pudiera (…)

lluviaNo he cambiado tu mundo
Pero lo haría
Si pudiera”

A veces siento que  estoy a salvo de todo dolor, porque no hay dolor más grande que el que ya he vivido y ya sólo mis hijos comprenden toda mi esperanza y todo mi sufrimiento. Pero, cuando algunas noches  no puedo dormir desvelada por su suerte y sus destinos, aliviada me digo: sólo puedo amarlos, nada más está en mi mano. Y cuando pienso en mi propia suerte, sé que  es todo lo que he necesitado, comprendo que es todo lo que ellos necesitarán: saber que pese a la suerte, el azar o el destino, hay amores que nos protegen y nos libran de todo mal, aunque parezca increíble.
 
 

Publicado en: Carmen

Nuestro cielo

11 de octubre de 2008 por Carmen

 

Mario Benedetti

 

Supongo que todos los que hemos conocido la pérdida, seamos creyentes o ateos, nos hemos preguntado en algún momento cómo será, de existir, el cielo del que nos hablan. Mi hija Belén lo tiene claro; el otro día me decía: “seguro que cuando vayamos al cielo nos encontraremos con el papá y vosotros seréis adultos, yo una niña y mi hermano un bebé”. A mí se me encogió el alma y me quedé en silencio; ella me aseguró que tenía que ser así.  Yo sería capaz de todo por ella, hasta de inventar ese cielo del que me habla. Sería capaz de construirle con palabras un cielo de mentira para preservar su esperanza y su inocencia. Sería capaz de este bello cuento:

“Érase una vez un papá que, como era un padre bueno y generoso, temía que su familia extraviase el largo camino que tenían que recorrer desde su tranquila cabaña en la selva, hasta la alejada y temida ciudad. Decidió salir primero. Recorrió el camino a tientas, solo. Subió montañas, vadeó ríos y , cuando ya estaba seguro de no perderse, volvió a por ellos. Pero con la impaciencia de verlos, olvidó que para encontrar la ruta, tuvo que renunciar a su cuerpo y a su voz a cambio del mapa que una bruja mala escondía en lo más profundo de una negra cueva. Aterrado, comprobó que ni su esposa ni sus hijos lo veían; intentó gritar, pero fue inútil, no lo oían. Durante semanas permaneció, asustado y triste, junto a ellos, hasta que, al fin, tuvo una magnífica idea: todos los días, muy de mañana, saldría el primero y recorrería la jornada hasta llegar al lugar previsto para pasar la noche, donde haría un gran fuego para que sus hijos y su mujer supieran siempre en qué dirección caminar. Lleno de esperanza, preparaba su fuego noche tras noche, sabedor de que su mujer y sus hijos buscarían sin desfallecer la señal que anunciara su presencia. Había días en que caminaba más rápido de lo normal, acuciado por el miedo de que sus hijos quizás olvidarían su rostro, de que su mujer tal vez maldeciría su suerte. Pero siempre le reconfortaba encontrarlos al final de cada jornada, desfallecidos, a veces; sin esperanzas, otras; pero siempre a salvo. Y así transcurrieron años y años, hasta que al fin, una bonita noche de luna llena, llegaron a la ciudad. El papá esperaba ansioso la llegada de su familia, pero  también con una gran preocupación. Los vio venir a los lejos. Apenas si los podía reconocer de tanto como habían cambiado. En cambio, se preguntaba qué aspecto tendría él, si habría envejecido o si su cuerpo sería el mismo, joven y ágil ,del joven que hace años salió de su cabaña en la selva. Emocionado, corrió hacia ellos, y justo en el momento de abrazarlos, comprobó que recobraba su apariencia  y que su familia, como por arte de magia, retrocedía apresuradamente en el tiempo hasta el momento exacto en el que los había dejado: una hermosa joven de 24 años con una preciosa niña de tres y un tierno bebé que apenas había cumplido un año. Se abrazaron y vivieron felices eternamente en aquella ciudad que, ya para siempre, sería la suya”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi vida se paró justo cuando empezaba a vislumbrar que aquel era el cielo que me pertenecía, porque ya no quería lavarlo, ni tocarlo, ni cruzarlo; pero, en cambio, estaban el pájaro, la nube y el pino. A mí me costó muchos años de aprendizaje junto a Pascual. Por eso sé que algún día volveremos a retomar la vida justo en el momento en el que la dejamos. Por eso sé que el cielo no podrá ser diferente a la serena certeza de haber desterrado para siempre “la estranezza di un cielo che non e il tuo”.

 

Publicado en: Carmen

Tú formas parte de nuestra historia

9 de septiembre de 2008 por Carmen

No puedo recordar a Pascual sin recordar a Carmen; los conocí juntos y es así como los recuerdo. Recordarlos a ellos, significa recordar una de las etapas más bonitas de mi vida. Nos conocimos en los encuentros que organizaban los franciscanos, campos de trabajo, Pascuas, encuentros de oración… cuántos recuerdos.

Teníamos en común una búsqueda, aunque realmente éramos muy diferentes. Pascual era todo lo contrario a mí y me resultaba muy desconcertante. Pascual era un líder y no pasaba desapercibido, sobre todo en Rompealbardas donde trabajábamos en equipo como albañiles, pintores y lo que hiciera falta. Ahí él estaba en su salsa, gastando alguna broma mientras cargaba carretillas con escombro.
 
Cuando nos poníamos a desayunar, Pascual era capaz de mojar un bocadillo de sobrasada en el Cola Cao, y él decía: “si total, todo se junta en el estómago”. En los encuentros de oración el sábado por la noche había una puesta en común en la que cada uno compartía lo que quería con los demás. Siempre había alguien que se encargaba de “romper el hielo” con una pequeña representación de algo gracioso y como os podéis imaginar, Pascual era idóneo para ello. Lo recuerdo con una barba de cartón haciéndole el paso a Antonio López. En definitiva, Pascual nos hacía reír, ese era uno de sus grandes dones.

Cuando supe que Pascual había muerto tuve la necesidad de buscar recuerdos suyos. Junto con unas pocas fotos, encontré la invitación que nos habían enviado para su boda. Era una invitación tan sencilla como original. En ella aparecía una reflexión, así como el día y la hora de la boda y al final nos decían: “porque tú formas parte de nuestra historia”. En ese momento caí en la cuenta de que ellos también forman parte de la mía y es por estos pequeños pero grandes detalles por los que cuando miro atrás me siento feliz por haber compartido mi vida, aunque sea brevemente, con personas como Pascual y Carmen.

Marina Espinosa

Publicado en: Recuerdos

Soplo de esperanza

8 de septiembre de 2008 por Carmen

Soy familiar de una compañera de PASCUAL, no me ha quedado otro remedio que aportar lo poco que puedo. CARMEN…Tengo que darte mi mejor abrazo y mandarte un soplo de verdadera esperanza.
 
La muerte, como tú ya sabes, no es más, que la continuación de esta prueba impuesta. Tu amor, sin duda alguna, traspasa barreras mucho más sólidas que la muerte y Pascual está bien seguro de ello. Allá donde esté, estoy seguro de que tendrá la certeza de haber aprovechado su paso por esta sinrazón y tú, eres la única responsable de ello, no te deprimas, su corazón vive en tí. Ahora, lo que en realidad importa, tanto a él como al resto del mundo, es que sigas siendo quien siempre has sido. No decaigas porque el final, te llevará, sin duda alguna, a su lado.

Antonio y Fuensanta

Publicado en: Recuerdos

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