Pascual Fernández

Pascual Fernández

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Soplo de esperanza

8 de septiembre de 2008 por Carmen

Soy familiar de una compañera de PASCUAL, no me ha quedado otro remedio que aportar lo poco que puedo. CARMEN…Tengo que darte mi mejor abrazo y mandarte un soplo de verdadera esperanza.
 
La muerte, como tú ya sabes, no es más, que la continuación de esta prueba impuesta. Tu amor, sin duda alguna, traspasa barreras mucho más sólidas que la muerte y Pascual está bien seguro de ello. Allá donde esté, estoy seguro de que tendrá la certeza de haber aprovechado su paso por esta sinrazón y tú, eres la única responsable de ello, no te deprimas, su corazón vive en tí. Ahora, lo que en realidad importa, tanto a él como al resto del mundo, es que sigas siendo quien siempre has sido. No decaigas porque el final, te llevará, sin duda alguna, a su lado.

Antonio y Fuensanta

Publicado en: Recuerdos

Carta a Carmen

27 de agosto de 2008 por Carmen

Hola Carmen,

Tanto el día del entierro de Pascual como hoy, te veo y no encuentro palabras para dirigirte, al menos las palabras adecuadas. Por un lado pienso que eres una mujer muy fuerte y que no necesitas de las  típicas  palabras torpes de consuelo que puedan surgir en un momento y a las que todos recurrimos. Palabras que lejos de reconfortarte pueden incluso causar indignación. El ¿cómo estás? absurdo que te he dirigido hoy, porque aunque no puedo saber cómo estás, puedo imaginarlo.

Cumbre del Buitre, Sierra de CastrilTanto dolor nos vuelve torpes. Siento impotencia porque la muerte de Pascual no tiene palabras de consuelo, al menos las apropiadas. Y es que pensar en él no causa tristeza, sino dicha. La dicha de haberle tenido entre nosotros. Hoy he tenido conocimiento de esta página y he deseado regresar cuanto antes a casa para poder verla. Leerte me ha confirmado que eres una mujer excepcional, pero por eso mismo sigo sin saber qué decirte. Solo expresarte mi apoyo, solo quiero que sepas que quizás, solo quizás no haría falta hablar, que se puede leer en la mirada.

Para mí es una paradoja haber sido testigo de vuestros inicios, y serlo ahora. Haber visto tus ojos alegres y verlos ahora apagados. Pero tampoco me sorprende. A pesar de no formar parte física de vuestras vidas en estos años. Pascual siempre ha estado ahí. Pascual forma parte de mi infancia, de una infancia feliz plagada de anécdotas. A camino siempre entre Cieza y Murcia. Luego las bodas y ese distanciamiento, ese vivir cada uno su vida pero sabiendo que estamos ahí. Con ese cariño que no necesita de llamadas diarias, que no necesita nada, simplemente permanece en el tiempo.

He leído en esta página algo sobre las paradojas. Pascual falleció en diciembre y la última vez que hablé con él fue en mayo. A pesar de intentar huir de los tópicos y los convencionalismos de las primeras comuniones, (ya sabes, toda esa parafernalia absurda en la que se suele caer, olvidando lo mas importante), pensé que sería una buena ocasión para unir a toda la familia, como sabes, dispersa geográficamente. Pensaba sobre todo en mis padres, en los de Pascual, en los mayores de la familia, pensaba en las pocas ocasiones que les quedarían (por ley de vida) para unirse en una celebración.

Ese día que hablé con mi primo y me explicó que no asistiría porque tenía un viaje a Madrid, creo que era, contigo. Estuvimos hablando una hora, después de no haber hablado y no habernos visto durante mucho tiempo. Fue una conversación de las que reconforta el alma, bueno ya sabes cómo era… esa alegría contagiosa. No podría imaginar jamás que meses mas tarde sería él quien nos faltara. Ya nunca será igual, me quedo con la conversación de aquella tarde, con su alegría, y con todas las anécdotas de nuestra infancia.

Le recuerdo cada día, hace poco le recordé el día de mi boda leyéndome la carta de San Pablo a los Corintios, rápidamente llevé la cinta de video para que me la pasaran a formato dvd, para poder escucharle siempre. Pero me cuesta pensar que ya no está. De la Carta a los Corintios he sacado estas líneas:

“Pues en la misma medida en que los sufrimientos de Cristo recaen abundantemente sobre nosotros, el consuelo de Cristo también nos llega con mayor abundancia.”

Pascual se ha ido, pero no te ha dejado sola. Un poco de él puede adivinarse en vuestros hijos, y estoy segura que serán ellos los que te traigan ese consuelo, aunque las edades que tienen ahora te traigan más quebraderos de cabeza, impotencia y cansancio. Antes he leído algo de una amiga que decía que erais almas gemelas. Lo sois,  me viene a la mente el “solo contigo puedo ser yo”. Imagino lo duro que debe ser visitar la casa de sus padres, pero solo un corazón como el tuyo puede comprender el dolor de una madre, de un padre.

Gracias Carmen, gracias porque el dolor de mis tíos solo encuentra un respiro con tu visita, con tus hijos, con vuestros hijos. Y tú, valiente y luchadora, les sigues dando ese respiro sin el que la tristeza de la pérdida sería mas dura.

Gracias Carmen, gracias por esta página donde poder mantener vivos los recuerdos de una vida feliz. Hace falta coraje para hacerlo. Siéntete afortunada porque eres una gran mujer que ha compartido su vida con un gran hombre. Una vida que ha dado sus frutos y que seguro que Dios y Pascual que seguro ya se ha ganado su confianza con algún chiste, te echarán una mano para que tus fuerzas no decaigan.

Un beso                                                                                     

Marisa

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¿Quién muere?

26 de julio de 2008 por Carmen

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del habito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no arriesga vestir un color nuevo
y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las “ies” a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas
de los ostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está
infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música,
quien no encuentra gracia en si mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días
quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo
exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará
que conquistemos una esplendida felicidad.

(Pablo Neruda)

 Pepe Jiménez

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Hasta siempre

24 de julio de 2008 por Carmen

Conocí a Pascual cuando él estudiaba Magisterio (Educación Especial). Fui profesor suyo y tuve bastante relación con él. Su carácter abierto y campechano hacía fácil la relación. Además, como él tenía antecedentes ciezanos y yo soy de Cieza, me llamaba cariñosamente «chito» (qué falta de respeto, ¿verdad?). Lo cierto es que yo me encontraba muy a gusto con ese curso: gente muy maja, trabajadora, participativa. Al final, todos quedamos como amigos. Y Pascual, que hablaba por los codos, no pasaba desapercibido. Aquel año yo le di una matrícula de honor y recuerdo que, pese a esa nota, le eché una buena bronca llamándole la atención por su relativa pereza. Hizo un examen final fantástico y yo le decía que podía rendir más porque su capacidad era muy alta. Le perdí la pista y volví a encontrarme con Pascual hace dos o tres años, en el C.P. Delgado Dorrego, a donde yo fui a ver a un niño con necesidades educativas que él atendía. Charlamos largo y tendido, me invitó a café en su aula (yo le dije que parecía el despacho de un ministro), en la que ejercía como gran mariscal. Me enteré de su muerte hace un par de meses. Lo sentí muy de veras y rezo por él y por su familia. Espero que en el cielo siga dando el tostón a los que le rodean hasta que le manden callar un poco. Descanse en paz mi ex-alumno y amigo Pascual.
Isidoro Candel

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Desde la otra orilla, recuerdos…

17 de julio de 2008 por Carmen

Todavía después de siete meses no me había atrevido a escribir nada que directamente hablara de tu partida. Pero hoy el día está revuelto aquí en la playa, tampoco es mi mejor día, quizá uno de esos días en que un cúmulo de sensaciones y sentimientos abarcan mi mente, pero es que desde que estoy aquí en la playa, la ausencia de Pascual se ha hecho todavía más dolorosa, y no hay día que al pasar por la casa me acuerde de los veranos que estuvimos juntos.

Recuerdo como si fuera ayer las palabras que me dijiste cuando después de  la muerte de Pascual nos encontramos. Nosotros estábamos en Sevilla de viaje y una angustia vital removió nuestro cuerpo, era como una náusea en el corazón.  Jesús lloró cuando le anunciaron la muerte de su amigo, creo que no hay otra cita en el Evangelio en la que cuenten que se le viera llorar. Tú me dijiste, Carmen, cuando yo te pedía ‘disculpas’ por no haber podido estar contigo, que luego me necesitarías, que cuando cada uno volviera a su casa, que cuando los ánimos se enfriasen y volviera cada cual a su rutina, que entonces sabías que los amigos seguiríamos estando aquí,  y por eso no es necesario que me digas nada… esa noche también me dijiste: quiero que Manolo conozca esta historia… solo ha sido cuestión de mover los hilos.

Carmen esto para mi era un homenaje a Pascual, sabías que tenia que estar ahí contigo y con Él, OS LO DEBÍA. Es cierto que las música de Manolo siempre nos acercará a Pascual, yo de hecho no era una de sus seguidoras hasta que el año pasado él mismo me grabó un cd con su música para que fuera al concierto ‘preparada’ me dijo, y a raíz de ahí me gustó. Pero sin lugar a dudas lo que más me acerca a Pascual, creo que a todos, es la sonrisa de Jorge; ahí sí que estás y como siempre te recuerdo riéndote, me imagino lo bien que te lo pasarías en el concierto viéndonos con el trajín que llevábamos con la carta, con los nervios, como si fuéramos quinceañeras detrás de nuestro ídolo, pero yo sabía que Carmen lo conseguiría, porque cuando todo parecía que estaba perdido dije en el mismo idioma que tú y yo nos hablábamos:  Pascual échanos una mano! Y ahora te digo: pues sigue amigo, pues sigue…
 
Trini

 

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