Sin echar la vista atrás, no quiero recordar los años que hace que nos conocemos, para no dar pistas de que nos hacemos mayores, pero no hay día, ni uno sólo, que lo pase sin ti. Es curioso, cuando todos piensan que el recuerdo es dolor y no ALEGRÍA, para mí significa algo más, significa que hemos compartido mucho más de lo que alcanzábamos a creer. Me pregunto si es que quizás no aceptamos tu partida y no creo que sea eso, porque las veces que vienes a nosotros, a nuestra mente, a nuestra boca y a nuestras conversaciones, tu SONRISA, tus palabras y tu cara de niño grande, nos dicen que no nos has abandonado, muy al contrario, sólo nos estás demostrando que quieres saber de nosotros, quieres saber si hemos aprendido de ti a VIVIR como tú sabías, a COMPARTIR, a DISFRUTAR, a LUCHAR sin perder la sonrisa, sin perder la ALEGRÍA, la tuya, la nuestra, pero sobre todo la de los demás, la de los que se merecen que sigamos siendo lo que tú supiste ser y lo que nos enseñaste y mucho más que tu AMISTAD, que siempre nos diste sin medida.
Empecé a escribir este párrafo hace muchos meses y no podía acabarlo, porque leo a las demás personas que escriben y dicen mucho de lo que yo mismo sé, pero al tiempo pienso que no es para mí para quien pretendo hablar, sino para los demás y sobre todo para Carmen, Belén y Jorge.
ALÉGRATE, por nosotros, que nosotros te recordamos siempre alegre y eso es lo que queremos ser.
Gracias por darme cada dia esta leccion de VIDA, hoy y todos los dias.
Juan Alfonso.

No puedo recordar a Pascual sin recordar a Carmen; los conocí juntos y es así como los recuerdo. Recordarlos a ellos, significa recordar una de las etapas más bonitas de mi vida. Nos conocimos en los encuentros que organizaban los franciscanos, campos de trabajo, Pascuas, encuentros de oración… cuántos recuerdos.
Cuando nos poníamos a desayunar, Pascual era capaz de mojar un bocadillo de sobrasada en el Cola Cao, y él decía: “si total, todo se junta en el estómago”. En los encuentros de oración el sábado por la noche había una puesta en común en la que cada uno compartía lo que quería con los demás. Siempre había alguien que se encargaba de “romper el hielo” con una pequeña representación de algo gracioso y como os podéis imaginar, Pascual era idóneo para ello. Lo recuerdo con una barba de cartón haciéndole el paso a Antonio López. En definitiva, Pascual nos hacía reír, ese era uno de sus grandes dones.
Cuando supe que Pascual había muerto tuve la necesidad de buscar recuerdos suyos. Junto con unas pocas fotos, encontré la invitación que nos habían enviado para su boda. Era una invitación tan sencilla como original. En ella aparecía una reflexión, así como el día y la hora de la boda y al final nos decían: “porque tú formas parte de nuestra historia”. En ese momento caí en la cuenta de que ellos también forman parte de la mía y es por estos pequeños pero grandes detalles por los que cuando miro atrás me siento feliz por haber compartido mi vida, aunque sea brevemente, con personas como Pascual y Carmen.