
Estaba ya olvidándome de Sísifo y pensando en la vuelta al trabajo, en dejar de ser un parásito carroñero que vive a costa de su baja y de las pensiones del estado, pero en una revisión rutinaria del pediatra, me comenta que debo operar a Jorge de una hernia, nada grave, una noche de hospital y en seguida a casa. ¡Y unas narices!, nada grave en otros tiempos, yo que soy una optimista vocacional, pero ahora, sin Pascual… la madre-todopoderosa tiembla sólo de pensar en el momento en el que el Gorgo entre en quirófano. Por tanto, no me queda más remedio, pienso, que seguir respondiendo a la pregunta del año: “¿estás ya trabajando?” con una reiterada negativa. Pero, no hay problema, soy funcionaria, me repito a mi misma para convencerme, y de inmediato vienen a mi memoria todas las críticas al cuerpo de funcionarios y me siento tranquila porque, al menos, por una vez, y pese a que tengo razones más que justificadas para estar sin trabajar, seguir de baja no va a suponer ningún problema. Decido mirar mi cuenta bancaria, sobre todo por justificar mis falsos temores, y, asustada, compruebo que mi adorada consejería me ha ingresado en concepto de nómina del mes de mayo la friolera cantidad de 240´66 euros. Es una broma, me digo, la promesa era sólo el sueldo base y los complementos en un plazo máximo de tres meses MUFACE me los ingresaría. Mañana, decido, voy a ir a la Consejería, seguro que es un error; sigo en mi vocacional optimismo como veis, pero, al menos, durante esta noche, la piedra debe subir nuevamente la montaña. Y, si soy sincera, no descarto la posibilidad de tener que incorporarme cuando la operación de Jorge acabe por una cuestión puramente económica. Y encima tendré que aguantar las críticas del bando de los reacios a la vuelta al trabajo.
Pero, no contentos con esto, los dioses deciden mandarme otra prueba decisoria: el enfrentamiento cara a cara con el gremio de los notarios. Descrito brevemente: por heredar una deuda, mi casa, y dos coches viejos (esas son todas nuestras propiedades) y por hacer testamento (que no es más que un marrón para mis hermanos a los que nombro tutores legales de mis hijos por si a mi me pasa algo antes de que cumplan la mayoría de edad) me cobran la friolera de unos 1300 euros. Y esta es sólo la primera parte del capítulo de las pagamentas, porque, según me informan, ahora tengo que pagarle a hacienda, pagar algo llamado plusvalía y qué sé yo. Claro, que como es mi vivienda habitual, tendré una buena bonificación; y yo pienso, como para que nos hubiera dado la locura (que alguna vez lo pensamos) de comprar una casa en la playa, entonces sí que me iba yo a enterar de que “hacienda somos todos”. Conclusión, que la muerte de Pascual además de las deudas morales casi casi me deja también deudas monetarias, más deudas quiero decir de las que ya teníamos. Porque si fuese a heredar algo entendería que tuviese que pagarle a hacienda, al notario y al primo del notario si se empeña, pero por heredar deudas… Tanto agravio me parece ya que roza la ofensa personal.



Para Antonio, Belén, Javi y Nacho, con ellos descubrí la fascinación que despiertan las historias mitológicas. Para ellos, por si, alguna vez, se rebelan ante un destino aparentemente incomprensible. Les debo una historia, probablemente, la mejor, la que ilustra casi a la perfección mi vida a lo largo de estos cuatro meses: la historia de Sísifo.
de las pensiones, en espera de la resolución definitiva del expediente, salvo que la administración advierta suficientes elementos que justifiquen la suspensión de dichos pagos”. Me pareció como poco irónico, quizá la administración descubriera que yo no era viuda y que todo había sido un mal sueño. Finalmente, a los cuatro meses me ingresaron las pensiones y yo, aliviada, pensé: qué amables, por fin han comprendido que las viudas y sus hijos también comen. 
“Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia. Sísifo, impotente y rebelde conoce la magnitud de su condena: en ella piensa durante su descenso. ¿En qué consistiría su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito? Sin embargo, las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así Edipo obedece ciegamente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en el que sabe. Pero en el mismo instante en el que, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano de una muchacha, resuena una frase desesperada: “a pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma, me hacen juzgar que todo está bien”. Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar el corazón de un hombre”.
Pero, pese a la acertada lectura del mito, a mi no me pareció más que literatura, yo me negaba a pensar que “todo está bien”. Por eso, seguí mis investigaciones sobre Sísifo y, finalmente, enlazando con otro mito conocido, el de Orfeo y Eurídice, encontré la clave. Yo desconocía que sólo una vez se interrumpió el cruel trabajo de Sísifo, cuando Orfeo cantó en los Infiernos tratando de que los dioses le permitiesen recuperar a su esposa Eurídice que había muerto a causa de la mordedura de una serpiente mientras huía de Aristeo que trataba de forzarla.
El día del padre, otra fecha temida. Belén llegó el viernes con tu regalo. Aún no lo hemos abierto, espero con cierto temor a la llegada del miércoles. Me contó la señorita que aunque le dio la opción de no poner “felicidades, papá”, pensando en que quizá se lo entregara al abuelo o al padrino, ella se empeñó en poner papá y decidió quedárselo. Es una simple muestra de las agallas de nuestra hija. Tú ya sabes de su obstinación en vivir. ¿La recuerdas en la incubadora rodeada de pañales para evitar que se golpeara la cabeza en su continuo deambular? Ya desde entonces nos demostró lo fuerte que iba a ser. Ahora tu ausencia la está convirtiendo en un ser aun más especial.
Y Jorge… Jorge es una bendición, un milagro casi en el tiempo. Jorge es un bálsamo para el dolor que a todos nos produce tu ausencia. Nuestro hijo es el único que no sufre, que solo tiene presente, que sólo nos transmite alegría y confianza en la continuidad de la vida. Lo veo a él y parece que te estoy viendo a ti. Con solo dieciocho meses tiene un gran sentido del humor, es capaz de imitar a mi madre, como tú hacías, imita casi a la perfección su tono de voz cuando enfadada llama a mi padre. Es muy popular, exactamente como tú, es conocido en el supermercado, en la peluquería, en el jardín. Creo que también tendrá tu buen carácter y tu bondad innata. Y, además, me adora.
Agravio, en una de sus acepciones, significa “perjuicio que se le hace a alguien en sus derechos o en sus intereses”. Esta es una de las palabras que más vienen a mi memoria en los últimos tiempos y en las más diversas ocasiones: agravio. Porque, si hay una palabra que defina cómo me siento, es esta.
Y el tercer agravio es personal. Casi me da pudor explicarlo, pero siento una rabia muy fuerte al comprobar cómo la viudez te arrebata hasta tu identidad. Pasas a formar parte de un extraño grupo: eres familia monoparental, pero no estás separada, ni eres madre soltera; eres una viuda con 34 años y dos hijos. La cantidad de imposturas que se aventuran desde la buena voluntad, desde el morbo por el dolor ajeno, desde la crítica, desde la indiferencia, desde la ignorancia… Yo, con la muerte de Pascual he perdido al mundo, pero, sobre todo, una forma muy particular de estar en el mundo solo posible junto a él. Por tanto, es imposible calibrar la pérdida, es imposible intentar ponerse en mi situación (sólo quien lo ha pasado lo sabe), son absurdos los consejos mágicos para escapar del dolor. No es cuestión de tiempo, ni de volver a casarse, ni siquiera de un milagro; hay experiencias, como esta de la muerte, que imprimen un sello definitivo y de por vida.
“Tu casa es una isla