El día del padre, otra fecha temida. Belén llegó el viernes con tu regalo. Aún no lo hemos abierto, espero con cierto temor a la llegada del miércoles. Me contó la señorita que aunque le dio la opción de no poner “felicidades, papá”, pensando en que quizá se lo entregara al abuelo o al padrino, ella se empeñó en poner papá y decidió quedárselo. Es una simple muestra de las agallas de nuestra hija. Tú ya sabes de su obstinación en vivir. ¿La recuerdas en la incubadora rodeada de pañales para evitar que se golpeara la cabeza en su continuo deambular? Ya desde entonces nos demostró lo fuerte que iba a ser. Ahora tu ausencia la está convirtiendo en un ser aun más especial.
Y Jorge… Jorge es una bendición, un milagro casi en el tiempo. Jorge es un bálsamo para el dolor que a todos nos produce tu ausencia. Nuestro hijo es el único que no sufre, que solo tiene presente, que sólo nos transmite alegría y confianza en la continuidad de la vida. Lo veo a él y parece que te estoy viendo a ti. Con solo dieciocho meses tiene un gran sentido del humor, es capaz de imitar a mi madre, como tú hacías, imita casi a la perfección su tono de voz cuando enfadada llama a mi padre. Es muy popular, exactamente como tú, es conocido en el supermercado, en la peluquería, en el jardín. Creo que también tendrá tu buen carácter y tu bondad innata. Y, además, me adora.Para Belén y para Jorge
“¿Cómo puede alguien
Que apenas sabe pronunciar
Unas cuantas palabras
Arar un camino tan hondo
Y entrar a saco
Por cuanta ranura hay abierta
En mi invisible palpitante centro?Hija de mi esperanza,
Diminuta mujer
Sobreviviente,
No sé qué hay en vos
Que cierra y da sentido
A los círculos misteriosos de mi vida,
Sólo sé que cuando la flecha de la tuya
Giraba buscando espacio en el espacio,
Agua y sed se encontraron
Y ahora henos aquí,
Madre y pequeña niña
Apretadas, envueltas, enlazadas,
Como si jamás hubiésemos existido
Apartadas la una de la otra”
Gioconda Belli : “Apogeo”

Agravio, en una de sus acepciones, significa “perjuicio que se le hace a alguien en sus derechos o en sus intereses”. Esta es una de las palabras que más vienen a mi memoria en los últimos tiempos y en las más diversas ocasiones: agravio. Porque, si hay una palabra que defina cómo me siento, es esta.
Y el tercer agravio es personal. Casi me da pudor explicarlo, pero siento una rabia muy fuerte al comprobar cómo la viudez te arrebata hasta tu identidad. Pasas a formar parte de un extraño grupo: eres familia monoparental, pero no estás separada, ni eres madre soltera; eres una viuda con 34 años y dos hijos. La cantidad de imposturas que se aventuran desde la buena voluntad, desde el morbo por el dolor ajeno, desde la crítica, desde la indiferencia, desde la ignorancia… Yo, con la muerte de Pascual he perdido al mundo, pero, sobre todo, una forma muy particular de estar en el mundo solo posible junto a él. Por tanto, es imposible calibrar la pérdida, es imposible intentar ponerse en mi situación (sólo quien lo ha pasado lo sabe), son absurdos los consejos mágicos para escapar del dolor. No es cuestión de tiempo, ni de volver a casarse, ni siquiera de un milagro; hay experiencias, como esta de la muerte, que imprimen un sello definitivo y de por vida.
“Tu casa es una isla
Recuerdo nítidamente una conversación con un compañero en la que me pedía ayuda para realizar el concurso de traslados. Yo contesté, no sin cierto pudor, que era Pascual quien se encargaba de esos trámites. El comentario jocoso no se hizo esperar: “para eso hemos quedado los maridos: para hacer los concursos de traslado, para bañar a los críos, para tirar la basura…”. Aquel día, mientras comíamos, le conté la anécdota a Pascual y ya os podéis imaginar lo que dio de sí. Durante varias semanas tuve que aguantar sus persecuciones por la casa mientras mascullaba: “para eso hemos quedado los maridos”.