Recuerdo nuestra boda… recuerdo también que estuve en tu funeral con la misma emoción contenida con la que años atrás me había casado contigo. De nuevo aquello era algo entre nosotros y el resto eran meros espectadores.
Recuerdo con nitidez el texto del consentimiento que yo misma elegí: “Te amo profundamente, totalmente, y así será siempre”. Creo que sólo a los 24 años se tiene la candidez suficiente como para pronunciar esa frase sin que te tiemble la voz. Años más tarde llegaría a cuestionarme mi capacidad para cumplir aquellos votos. Hoy sé de lo acertado de aquellas palabras.
Recuerdo el texto que nos regaló Roncero, que hoy está sobre tu lápida y que encierran toda nuestra vida en común:
“sólo contigo quiero ser yo
sólo conmigo eres tú
y sin vosotros no podemos ser nosotros”
Echo de menos tu sentido del humor, tu inteligencia, tu pragmatismo, tu carácter resolutivo, tu ironía, tu calor, tu comida, tu ilusión, tus ánimos para que fuera al gimnasio, ir de copiloto, saber que nunca estoy sola, que nunca olvidabas decirme lo buena que estaba, que organices mis planes, que me cuentes cosas de tu cole…Deseo sinceramente que allá donde estés sepas que: “mientras tú existas seguiré transido de distancia bajo este amor que crece y no se muere”.
Feliz aniversario.

Como decía, hoy, martes 13, recibo una carta a nombre de mi hija. He de deciros que la mayor ilusión de Belén es recibir cartas, por eso el padrino tuvo que mandarle una desde Ibi, con su sello y todo. Pues bien, el Ayuntamiento de Murcia, sabedor de los secretos más íntimos de los contribuyentes, le manda a mi hija la siguiente carta de la que sólo reproduzco algunas perlas:
Así que, señores, yo me obstino más que nunca en la esperanza. Supongo que esto es, en definitiva, el “carpe diem” que el otro día intentaba explicarle sin mucho éxito a mis alumnos hasta que uno de ellos dijo: ya lo tengo, esto es el Hakuna Matata del “Rey León”, ¿verdad, seño? … Sí, exactamente, aprovechar cada momento bueno como si fuera el único, como si fuera el último. Supongo que esta es la actitud de fondo que muchos juzgan, que otros simplemente no entienden… ¿cómo es posible que siga vistiendo y sonriendo y haciendo las mismas cosas que antes?
En el artículo titulado “Las viudas de Benarés” se dice: “mientras que para los hombres viudos es sencillo volverse a casar, las mujeres lo tienen prácticamente imposible, especialmente si tienen hijos (algo habitual); mientras que un hombre mantiene todas las propiedades tras la muerte de su esposa, una viuda es obligada a volver a casa de sus padres y perder todos sus derechos. La discriminación es social, cultural, económica y emocional. (…) Por eso las viudas han aprendido a vivir entre sombras”.
La nochebuena y la nochevieja eran desde hace unos años unas fechas muy divertidas para Pascual y para mí: acabábamos compitiendo por ver quién recibía más mensajes…siempre ganaba él. Me decía que mis mensajes navideños eran tan aburridos como los mensajes del rey y que la gente ni se molestaba en responder. En cambio, he de reconocer que los suyos eran tan ocurrentes que, aún habiendo pasado toda la tarde buscando una magnífica frase con la que agasajar a mis amigos, siempre acababa plagiando las suyas, que él improvisaba minutos antes de la cena o de las campanadas, justo cuando empezaba a recibir un aluvión de pitidos que a mí me sacaban de mis casillas.
Por eso hoy tengo que pediros perdón, porque de nuevo me entran los ataques de culpa y ya no está el papá para decirme que no sea tan dura conmigo misma. Tengo que pediros perdón por no haber conseguido nuestro primer proyecto para vosotros: ofreceros una niñez feliz, mágica, a salvo de todas las tristezas… tengo que pediros perdón por ser demasiado estricta con vosotros, por no encontrar esa chispa de humor que el papi siempre sacaba cuando estábamos enfadados…tengo que pediros perdón porque aún no soy capaz de salir con los dos a vuestros jardines preferidos (Jorge siempre decide investigar por su cuenta y a mí me faltan manos)…tengo que pediros perdón porque tengo poco tiempo y pocas ganas de jugar con vosotros… tengo que pediros perdón porque aún me peleo con las nuevas tecnologías y no sé instalar un juego en el ordenador…tengo que pediros perdón porque dices que quieres ir a pescar y tu padre no podrá enseñarte…Os pido perdón por el trozo de vida que os han robado y que, nadie, ni siquiera yo, podré reponer. Os pido perdón por tanto amor a destiempo.
“El mismo día en que se cumplió un año de su muerte me pregunté qué haría si se me diese la ocasión de volver a ver a mi madre durante cinco minutos. Imaginé aquella escena con un escalofrío, mi madre regresaba y yo tenía sólo unos instantes para decirle todas aquellas cosas que no había tenido tiempo durante treinta y cuatro años. Y, entonces me di cuenta de que ninguna de las dos se había dejado nada en el tintero. No hubo una cosa que quedase por decir, nada importante de lo que hablar. No había preguntas, no flotaba en el aire ninguna confesión, ninguna respuesta. Yo no necesitaba esos cinco minutos adicionales junto a mi madre. Treinta y cuatro años nos habían bastado a las dos para escribir nuestra historia.
La última vez que me encontré con su mirada fue hace un par de días. Les había propuesto que se imaginaran un mundo hecho a su medida, un mundo en el que todo fuera posible. Debían escribir un decálogo en el cual, cada una de las frases comenzase con la fórmula: debería estar prohibido. Les pedía originalidad, no se trataba de imitar la campaña de Tele 5 “Doce meses, doce causas”, ellos reían. El día que recogí y leí los decálogos, un “debería”, de nuevo, me hizo buscar su mirada: “Debería estar prohibido que mi hamster se muriese”. Aquel “debería” no debió de parecerle tan divertido como al resto de los compañeros, quizá él como yo sabía que: “La vida iba en serio”, como decía Gil de Biedma.