Pascual Fernández

Pascual Fernández

  • Carmen
  • Recuerdos
  • Me acuerdo de…

El tiempo a favor

8 de septiembre de 2011 por Carmen

He estado hace poco en Lorca, donde pasaste unos años de tu carrera profesional, y a pesar de estar lejos de los tuyos, dejaste una huella importante; solo te vi una vez allí, era la cena de despedida de curso y la tuya del colegio creo, he visto como está aquella tierra después del terremoto que tanto daño ha hecho, y la gente que no decae, luchando, y entiendo cómo encajaste tan bien, son de los tuyos, luchadores y optimistas, vaya a donde vaya, apareces de pronto, no, no me asustas, en realidad , creo que te espero, o te busco, lo cierto es que no es necesario hacer esfuerzos de memoria, y eso es un buen síntoma, después de lo vivido juntos, es agradable saber, que alguien como yo, cuya memoria es bastante limitada, sigue acordándose de todos los momentos vividos juntos. ¿Por qué?, pues, claro, porque solo se olvidan las cosas que no nos hacen falta, las que no nos ayudan, las cosas, en fin, prescindibles; el cerebro es, a pesar de todo, un sabio detector de aquellos recuerdos que debe conservar y así lo hace, las cosas buenas se recuerdan, y ¿ por qué hoy he decidido exponerlo ? Bueno en principio como siempre escribo además de para mi mismo, cosa muy egoísta, lo siento,  también para esos que temen que el tiempo borre esa parte de su vida; creedme, eso nunca ocurrirá, estoy seguro de ello, solo tenéis que pasear por aquellos sitios que  solíais hacerlo, o ir a ese bar donde tomábais café con él, para que el se sitúe a vuestro lado de nuevo. Es así, y siempre lo será, a mi me funciona, incluso a veces, es él quien me lleva a esos sitios, y me acompaña, en el café, en el camino, en casa, e incluso a veces me aconseja, no, no estoy loco, es cierto, aún recuerdo muchos de sus consejos y ¿ por qué no?, aún siguen siendo válidos hoy día, han sido tantos y tan buenos momentos, que mi memoria y la de tantos como yo, o sea vosotros, no te vamos a olvidar, Amigo. Y  por eso doy  gracias a DIOS.

Juan Alfonso

Publicado en: Recuerdos

Un hueco para ti

30 de mayo de 2011 por Carmen

Aunque nos digamos lo contrario, hay un hueco que no se va a llenar. Sí, es cierto que podremos añadir personas y cosas a nuestras vidas, tenemos a nuestros hijos, y a los demás amigos, también a la familia; es cierto, e incluso añadiremos nuevos conocidos a nuestras vidas, unos se harán nuestros amigos, otros no, pero hay un hueco y nunca se llenará del todo. Necesitamos saber que estás ahí, y te necesitamos porque nos acostumbramos a ello cuando estabas, casi ni lo notábamos, pero tu presencia reconfortaba a todos, nos cambiaba un día  triste por otro feliz,  te recordamos, yo te recuerdo constantemente  y me digo que habría sido de mi, si no te hubiese conocido. Quizás, solo quizás, sería otra persona, distinta; quizás no, pero eso no importa, lo que importa es que pude, no, que tuve la suerte y el honor de conocerte, y además ser tu amigo. Es todo lo que necesito para seguir siendo como soy, y añorarte, sí, pero volver a ser feliz, pensando que tú es lo que siempre has querido, aunque eche alguna lágrima de vez en cuando, no dudes que al final siempre, siempre sonreiré, por ti.

Juan Alfonso

Publicado en: Recuerdos

Trenes

10 de febrero de 2011 por Carmen

Era un 7 de diciembre y era muy temprano.

Me acuerdo porque era puente y hacía mucho frío en aquella estación de tren. Yo estaba adormilada y al principio no entendí lo que me decías por el teléfono: “ven, ven pronto Anita…” y así, deprisa, confusa, aterrada, fui de vagón en vagón hasta que llegué al tuyo, al vuestro, al mismo al que había ido tantas veces, sobre todo los viernes…

Íbamos todos en el mismo tren, me acuerdo de una forma tan nítida…

Había un vagón que dejamos un poco atrás, con una Tau gigante, era silencioso y aromático, como la eternidad.

Había un vagón de personas a las que yo había visto poco pero sé que queríais mucho: del Instituto, de la Universidad, del barrio… Cuando yo pasé por allí, escuché el sonido de viejas canciones, el olor a pitillos recién estrenados, a sueños abstractos…

Había un vagón lleno de maestros y maestras, estaban manchados de tiza y mocos de niños que no eran suyos, tenían los codos morados y vestían de color, forzando la sonrisa…

Había un vagón lleno de familia que olía a Navidad y veranos interminables, a risas y peleas, “un vagón grande”, pensé, ”demasiado grande”…

Te vi recorrer uno a uno el pasillo de todos los vagones, impávida, como si ya no estuvieras, como si ya no estuviera nadie; los ibas mirando a todos a la cara, las lágrimas, los lamentos… y sólo mirabas por la ventana, porque en la estación se habían quedado Belén y Jorge, en un banco, juntos, solos, dormidos…

Pero alguien te empujó de allí, te echó del tren donde todos vamos aún subidos y el tiempo se paró o fue más deprisa, pero ya nada volvió a ser igual que antes, ninguno de los tres iba ya con el resto de pasajeros.

Yo no me acuerdo cómo fue, pero los días iban pasando y desde el cristal fui viendo cómo cada vez te hacías más pequeña y ya no mirabas a la cara, estabas quieta, sentada en el banco con tus hijos, mientras el tren se marchaba…

Algunos nos hemos casado, otros hemos tenido hijos, otros enfermado y aún incluso curado y todos vamos de estación en estación intentando volver a veros… Pero esa estación nunca llega, porque cuando el Revisor expulsa a alguien del tren, ya no vuelve a subir, los trenes nunca van marcha atrás, se golpearían con otros trenes, siguen su curso sin detenerse, sin esperar a nadie…

De vez en cuando alguien sale a la puerta de su vagón y si pasa por tu lado te coge del brazo y tira, intentando subirte, pero tus pies no se mueven, están sellados en esa estación, por lo que solo conseguimos desgarrarte el brazo un poco más.

Por eso hoy, con la brisa de febrero sacudiendo mi ventana, te doy permiso para que subas a otro tren, Carmen, para que te despidas de todos los que un día fuimos contigo, te doy permiso para que nos quieras desde lejos, para que encuentres otros compañeros de viaje, y para que, si nos cruzamos alguna vez en paralelo, desde el otro raíl, nos permitas sonreírte, sabiendo que aunque ya no viajas con nosotros, fuisteis de nuestro tren, incluso de nuestro vagón más íntimo, pero que sabemos que no elegiste bajarte y que, precisamente por eso, ya no puedes seguir quieta en la estación con el frío de diciembre.

Sois tres, de momento solo esos, pero no está mal para empezar un viaje, aunque no sepas donde vas.

Nosotros seguimos en el tren, vamos de un vagón a otro según se nos antoja y nos  acordamos de ti y de él y a veces reímos, y a veces lloramos, pero no podemos detenerlo, sigue y sigue, y tampoco nosotros podemos evitarlo.

Ana Belén.

Publicado en: Recuerdos

Otro añito más

11 de diciembre de 2010 por Carmen

Bueno, pues otro añito más que pasa sin ti, PASCUAL…, pero estás en mi cabeza en muchos momentos de mi vida. La alegría que transmitías era contagiosa y es imposible recordarte con tristeza, al revés… siiiiiiiiiempre bien. La rabia es que tus hijos no hayan podido ver lo GRANDE Y MARAVILLOSO que eras para todo el mundo.

UN BESO DONDE QUIERA QUE ESTES!!!!!

Patricia

Publicado en: Recuerdos

Tu ausencia se hace presencia

11 de diciembre de 2010 por Carmen

Pascual, como sabes te recuerdo casi todos los días en el momento de la celebración de la Eucaristía; pero ayer y hoy te he recordado de una manera especial, el tiempo pasa pero tu ausencia se hace presencia continuamente….

Fray Antonio

Publicado en: Recuerdos

  • « Página anterior
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • …
  • 15
  • Página siguiente »