Cada día más despacio, pero como siempre, vuelvo a comenzar
Nena Dakonte
Le agradezco haberme mimado, malcriado y consentido durante todo el tiempo que estuvo vivo:

Te regalo el dolor que me provocas cuando pides a gritos un
Traje de princesa tejido con el hilo de los sueños y quisiera
Nombrarte emperatriz, encadenar la Luna a tu regazo,
Pero no puede ser y no comprendes, y me siento el más
Pobre de los hombres
Le agradezco su alegría innata en contra siempre de mi pesimismo innato:
Te regalo mis dotes de bufón, mis voces impostadas, mis juegos
De palabras, mis ganas de escuchar cómo rompen las
Olas en tu risa
Le agradezco la certeza de haberlo sabido siempre enamorado de mí:
Te regalo mi forma de mirarte como se vislumbra una esmeralda
Fulgurante en la nieve
Le agradezco su inmensa paciencia, su saber esperarme siempre:
Te regalo (…) mis días imposibles,
Ese niño tirano que reclama la tarta que no existe, el
Juguete que no le puedes dar
Pero, sobre todo, le agradezco que no se lo llevara todo con su muerte:
Te regalo el don de la alegría, la cegadora luz de los proyectos,
La ilusión por el viaje compartido, la fe de los
Exploradores
“Te regalo la lágrima que se muere al filo de los ojos por
Temor a alcanzarte con su sal y su herrumbreTe regalo todas las palabras, aquellas que me brotan a tu paso
Y las que se me quedan prisioneras, retumbando por
Dentro, invocándote a solasTe regalo los días y las noches en que tu ausencia escarba una
Fractura, abre un pozo sin fondo por donde merodean las
Tinieblas, un boquete de sombra que sólo tu regreso ha de
LlenarTe regalo ese don que no merezco pues sin ti no podría convocarlo,
Como en la piedra solitaria nada engendra la
Chispa si no hay roceTe regalo mis ganas de vivir, de quedarme a tu lado para
Siempre y que el sueño me alcance muy dulce entre tus
Brazos”.Eduardo García: “Aniversario”

Cumpliría hoy los años, mas el tiempo
En esa realidad

Si pudiera
No he cambiado tu mundo





Este largo verano he caminado como equilibrista sobre su red y así he sorteado los días entre el campo, al que yo metafóricamente he bautizado “el desierto”, y la playa, de la que estuve deseando salir antes incluso de haber deshecho la maleta. Y así han transcurrido lentos los días, con sus rutinas, con sus coartadas contra la soledad. He seguido viviendo alentada sólo por la falsa esperanza de septiembre y sus promesas.