Pascual Fernández

Pascual Fernández

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Vendrán días

24 de febrero de 2008 por Carmen

Si alguien intentase algún día descifrarme, sin duda acudiría a mis libros preferidos de poesía porque ahí residen las claves de lo que soy. Pero, hablar de Pascual es hablar de su música: de Manolo García, porque sus canciones lo acompañaron desde siempre, sirvieron como excusa para relatar cuentos, como tema de discusión sobre el significado de sus letras, como dedicatoria en los aniversarios y hoy sirven como mensajes que él, a modo de guiño, me lanza desde no se dónde. Pero, sobre todo, estas canciones trazan el itinerario que casi a tientas he recorrido en los últimos meses. Dicho de una forma más sencilla, describen cómo afronto día a día la pérdida de Pascual.

La primera canción que yo le recuerdo es de los burros, era una de sus preferidas, y a mí hoy no me parece más que un presagio de aquella madrugada del 7 de diciembre. Se titula “Tú me sobrevuelas”.

Muy dentro del bosque, sobre un manto de humedad
Sentados muy juntos, te contemplo y te oigo hablar (…)
De repente, miro y tiemblo porque ya no estás,
Entre nubarrones el viento te llevará.
Por el cielo cruzan brujas del alba.
Me siento estremecer, tu mirada es azabache
Escapaste entre alientos de fuelle y hoguera
Ululante, te vas ¿qué será de mí?
Sopor, duermevela, incertidumbre, ¿dónde estás?
Espero señales, saber que regresarás.

 

“Como quien da un refresco” me paralizó días después al oírla en su propio móvil:

Me detengo en las miradas
Me escapo detrás (…)
Con los ojos que me miran
Me puedo escapar (…)
Que el amanecer me encuentra
Siempre despierto
Que me desvela el hambre que de ti tengo
se va el alma silenciosa
por la ventana
se va detrás del lucero de la mañana.

Dame descanso
Como quien da un cigarro.
Tu mirada vuela negra, vuela
Es la flecha que hiere el tiempo
Que lo detiene, que lo hace eterno.

Tu mirada.

 

La incredulidad de las primeras semanas, la insensibilidad casi, la obstinación en negar lo evidente: “Mientras observo al afilador”

 

A veces imagino por un instante
que no te has ido y el tiempo se detiene (…)
con mi locura conservo asombro
sobre los hombros, la alegría
que hasta ayer mismo compartimos.
Tu recuerdo me conmueve
Como al zagal nacido en estrechos valles
Conmueve el concierto de las mareas
A veces te veo por un instante
A veces siempre te sueño

 

Después, las lágrimas, la constatación lenta de que Pascual no iba a volver y que desde ese momento, mi vida sería otra cosa distinta; que el nuevo año traería ya para siempre a otra nueva Carmen. “Malva” es paradójicamente una de las canciones que había enseñado a Belén; qué ironía que con sólo cinco años tuviera que aprender tan bien el significado de la tristeza.

 

 

Te lloré como para rebosar mares
Como para reflotar naves
Que serán sólo astillas que descubrirán
Buscadores de pecios tierra adentro.
En otras vidas, en otros mundos vestidos de siglos,
Vestidos de asfalto sobre lechos marinos.
Sobre caracolas, fósiles y estelas
En el siempre y en el nunca de nuestro firmamento.
Por ti lloré tanto.

 

 

Pero llorar es hoy día el acto que me genera más pudor. Porque el dolor, en contra de lo esperado por muchos es para mí el más privado de mis sentimientos. Por eso, cuando a destiempo me asaltan unas ganas terribles de llorar, siempre viene a mí un recuerdo que me salva, un verso que me redime, como este de la canción “El bosque de tu alegría”

 

Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas
Porque de ti volví a aprender lo necesario
Pan, casa, destino, camino
De ti volví a aprender.
Del bosque de tu alegría
De manos de tu sereno misterio
Quedaba mucho por hacer (…)
Porque de ti volví a aprender lo necesario
A prescindir de lo inútil
Que nada es precario
Del brillo de tus ojos
A disfrutar el tiempo lento
Y cuatro cosa útiles
De tu gesto cierto
Y muchas cosas más de ti aprendí (…)
aprendí a sumar lo incierto con lo lógico (…)
aprendí a soportar sólo lo soportable
y quedaba mucho por hacer.

 

En definitiva, me agarro a las canciones como talismanes contra la tristeza. A veces, me viene de improviso el estribillo de una canción; otras, las más, enciendo la radio y, como si de un sortilegio se tratara, suena esa canción oída tantas veces y que parece haber sido compuesta desde siempre para iluminar estos difíciles días. A modo de esperanza: “Vendrán días”

 

Vendrán días en que el peso que te abruma se hará liviano
Vendrán días en que ese peso
Ya no será carga sino bagaje.
Vendrán días…han de venir…
Porque un alma que alberga sentimientos viles
No brilla
Y un alma sin brillo es un tiempo marchito
Para quien lo soporta (…)
Llega el tiempo que en tu campo amado
Plantarás pensamientos.
Junto al pozo de tu huerta,
Enjambres de madreselva
Y esa calma, y esa calma te ha de ayudar.

 

Supongo que Pascual estará contento al ver cómo la deuda con “San Manolo”, como él decía, queda saldada. Yo, después de leer tanto libros sobre la muerte y sus etapas, también me siento contenta, porque al final empezar a quedarse en la vida comienza de una forma tan sencilla como esta. Gracias, Manolo, nos vemos en el próximo concierto.

Publicado en: Carmen