“Tendremos siempre el presente
Roto por aquel momento”
José Hierro
Querido Mariano:
Hace ya un año que Pascual se me murió. Me gustaría decirte que estoy mejor que al principio, pero no es cierto. Me gustaría encontrar palabras de consuelo para ti en estos momentos, pero no las hay. Sólo sé que es la primera vez en un año que hablo de la muerte en primera persona del plural, porque el día en que murió Eva supe el punto exacto en el que te encontrabas y volví a vivir contigo la angustia de las primeras noches, la incertidumbre de los primeros días.
Yo no sé si el dolor redime, como decía Paco Henares, lo que sí sé es que el dolor crea vínculos inviolables. Mi experiencia con el dolor ha traído más dolor a mi vida y este ha sido el gran regalo de las personas con las que me he tropezado en este tiempo. Quizá te parezca una contradicción, pero lejos de generar pena o lástima, mi forma de sobrellevar el dolor me ha permitido escuchar otros dolores, algunos de ellos muy antiguos, otros muy ocultos… las secretas claves que toda vida esconde. Pero el día que me contaron que Eva había muerto, me convertí en cómplice de un dolor público: escuché detalles incoherentes, conjeturas absurdas, predicciones irreales… y supe que esa sería desde entonces la clave de nuestras vidas: que nuestro dolor apareciera impreso en un periódico mitiga la soledad de las primeras horas, de los primeros días, pero también te despoja de la privacidad que todo dolor vivido con dignidad exige.
Lloré la muerte de Eva al tiempo que lloraba la de Pascual; sufrí por tus hijos al tiempo que veía a los míos… y entonces supe todo lo que aún tendrías que pasar. Y creí volverme loca, porque no era posible reincidir en un dolor tan absurdo… no debería haber pasado, me decía a mí misma una vez más.
No tengo fórmulas mágicas, ojalá y las tuviera hoy para ti. Sólo sé que si mi hijo me pareció un milagro en el tiempo, mucho más lo es el tuyo. Ellos son los que me mantienen comprometida con la vida, aferrada a la esperanza; a ellos les debo cada uno de mis pequeños logros; en ellos cifro la única posible redención de mi dolor.
Me gustaría “partir” contigo el profundo dolor que hoy siento por la muerte de nuestros seres más queridos.
Tu amiga: Carmen
“Muere un hombre y la creación se siente
Herida y moribunda en las entrañas”.
Miguel Hernández
