Es curioso cómo desde que se creó tu página entro cada día con la intención de escribir algo, pero siempre cierro sin ser capaz de hacerlo.
Hacía mucho que no nos veíamos, la última vez que nos vimos tú paseabas a tu peque y tenías prisa porque le tocaba la merienda. Yo esperaba en el coche repasando hasta que se hiciera la hora para entrar a la preparadora de las oposicones dichosas. Al despedirnos dijimos, bueno… hasta los exámenes, pues era el momento en el que cada dos años coincidíamos y era entonces cuando en breves momentos nos poníamos al día, pero ese año no fue así, solo vi a Carmen. Hay muchos momentos buenos que recuerdo, pero hay uno muy especial que me hace recordarte cada semana. Cómo olvidar ese masaje en la piscina de Archena en mis gemelos (en la primera marcha franciscana), ese masaje, que quién me iba a decir que iba a ser el primero de muchos otros y no solo en los gemelos. Cada vez que la fisio me dice que me va a atar, recuerdo cómo tuvieron que cogerme las piernas mientras tu me dabas el masaje, porque no había forma. Recuerdo la patada que te di y que te acordaste de toda mi familia. Recuerdo cómo estabas siempre dispuesto, recuerdo cómo nos hacías reir, recuerdo a una gran persona que a pesar de la distancia y el tiempo, siempre estaba presente.
Ya sois dos los que os habéis ido, pero solo os habéis ido en cuerpo. Vosotros seguís vivos en el recuerdo y son tantos los recuerdos que nunca moriréis, a pesar de que el tiempo pase.
Como una vez dijo un amigo, el infierno es el olvido, el cielo es el recuerdo. Y vosotros (Pascual y Eva) ni dudarlo que estáis en el cielo, en ese cielo que también supisteis vivir aquí en la tierra.
Un beso. Hasta siempre.
Ana.
Pdta. No tengo ninguna foto dándome en los gemelos. Pero esta es de aquella marcha.
