Hola Pasqui:
Como dice la canción, tendría tantas cosas que decirte que no sé ni por dónde comenzar, y algo así me está pasando a mí en estos momentos.
El otro día leí el comienzo de tu pagina y decía que te fuiste como entraste, sinceramente, no tuve la oportunidad de despedirme directamente de ti, aunque sé que has visto las lagrimas que a solas se me han derramado por la cara cuando he pensado en ti, sin poder entender por qué Dios, ese Dios al que hemos rezado, con el que hemos compartido tantos momentos, ha querido arrebatarnos tu presencia y llevarte con él.
Ante esto y después de mucho pensar, he creído que Dios quiere prepararnos un paraíso tan perfecto cuando nos vayamos, que te necesitaba a su lado para que así fuera. ¡Quién iba a darnos esa acogida como lo hacías en las pascuas que compartíamos hace ya algunos años! Yo estoy convencido de que el cielo tiene que ser un sitio divertido y ahora más que nunca, estoy convencido de que el día que parta de este mundo, uno de los alicientes que tendré será el volver a verte y a disfrutar de tu presencia.
Es curioso cómo se puede echar tanto de menos a una persona que aunque hemos compartido una amistad, y lo de amistad lo digo con todas las letras, realmente debido a la distancia y un poquito o un mucho a la dejadez, hemos podido convivir a penas treinta o cuarenta días en total de los ya casi diez años que nos conocíamos.
Pero claro, eso no pasaría con alguien normal, pero tú siempre has sido muy especial, y solo alguien con tus defectos, pocos, y tus virtudes, que son muchas, podrías llenar nuestras vidas con tu presencia.
Cuando estuve en tu casa con tu mujer, miraba para la puerta esperando que entraras de un momento a otro, tal vez porque en tu casa se respira Pascual, sí, notaba tu presencia, y hoy cuando miro mi correo electrónico, espero ver algún mensaje tuyo.
Tengo un problema matemático, y es que no sé cómo alguien tan grande como tú, y no solo físicamente, puede caber en un corazón tan pequeñito como el mio, pero claro, la respuesta es muy fácil, has dado tanto amor que has sido capaz de repartirte en tantos trozos, que al final me doy cuenta de que las matemáticas no fallan.
Una de las cosas que no puedo dejar de decirte, es que doy las gracias a Dios, porque por la fe que nos une, celebrando la pascua me dio la oportunidad de conocerte, y aunque ya no estés con nosotros, le doy las gracias por esos treinta o cuarenta días que me dio la oportunidad de compartir contigo y con tu maravillosa mujer.
Por cierto, tiene narices que fuera ella la que nos consolara a nosotros. Tenia tan claro la paz que le dejaste, el amor que le diste, que toda ella era paz y serenidad, y es que claro, siempre se ha dicho que detrás de un gran hombre, hay una gran mujer, y ese era y es vuestro caso.
Yo hoy no soy capaz de escribir poesías, ni de buscar rimas bonitas, para decir algo que al final no saldría del corazón, solo quería decir que te quiero y que te echo muchísimo de menos y sobre todo darte las gracias por haber compartido parte de tus días conmigo y los míos.
Se que el tiempo hace mella en todo, pero cuando escribes en arena el aire lo borra pronto, pero cuando escribes en piedra no se borra jamás. Yo creo que tú escribías en piedra, pero quiero no obstante pedirte un deseo, no permitas que te olvide.
