Pascual Fernández

Pascual Fernández

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La primera vez

15 de noviembre de 2008 por Carmen

Cada día más despacio, pero como siempre, vuelvo a comenzar

Nena Dakonte

Desde que murió Pascual conservo una extraña costumbre: guardo en una caja cada una de las hojas que voy arrancándole al calendario a final de mes. Es casi un ritual, la celebración de que pese al dolor, he conseguido sobrevivir un mes más. Y después vuelve a llegar el día 7 del mes siguiente, y como si se tratase de la fuerza que empuja las mareas o que controla el ciclo de la luna, mi corazón se declara en huelga, aunque sea sólo por un día. Pero  desde que llegó octubre, los días 7 parecen amenazar al resto del calendario y, asustada, compruebo, que cada vez me resulta más difícil encontrar “el eco de tu voz llamándome del lado de la vida”.

Mi hermano intenta tranquilizarme y me dice que peor que esto ya nada será y que una vez que complete el ciclo y pase el primer año sin él, el dolor empezará a remitir. Completar el ciclo…me digo a mí misma: el primer aniversario, el primer verano, el primer septiembre, el primer cumpleaños, la primera navidad… Y vuelvo la vista atrás y recuerdo  la inmensa suerte de haber compartido con él la primera vez en todas las cosas realmente decisivas de mi vida: la primera vez que me casé; la primera vez que tuve un hijo; la primera vez que me presenté a una oposición; la primera vez que viajé en avión; la primera vez que compré una casa; la primera vez que hice el amor; la primera vez que tuve que vivir sola; la primera vez que conduje mi coche; la primera vez que se me murió alguien.

Siento tanta gratitud hacia Pascual que sería imposible enumerarla. Vuelvo la vista atrás y recuerdo tantos dones que en cada una de esas primeras veces compartidas él trajo a mi vida…
 

Le agradezco haberme  mimado, malcriado y consentido durante todo el tiempo que estuvo vivo:

Te regalo el dolor que me provocas cuando pides a gritos un
Traje de princesa tejido con el hilo de los sueños y quisiera
Nombrarte emperatriz, encadenar la Luna a tu regazo,
Pero no puede ser y no comprendes, y me siento el más
Pobre de los hombres

Le agradezco su alegría innata en contra siempre de mi pesimismo innato:

Te regalo mis dotes de bufón, mis voces impostadas, mis juegos
De palabras, mis ganas de escuchar cómo rompen las
Olas en tu risa

Le agradezco la certeza de haberlo sabido siempre enamorado de mí:

Te regalo mi forma de mirarte como se vislumbra una esmeralda
Fulgurante en la nieve

Le agradezco su inmensa paciencia, su saber esperarme siempre:

Te regalo (…) mis días imposibles,
Ese niño tirano que reclama la tarta que no existe, el
Juguete que no le puedes dar

Pero, sobre todo, le agradezco que no se lo llevara todo con su muerte:

Te regalo el don de la alegría, la cegadora luz de los proyectos,
La ilusión por el viaje compartido, la fe de los
Exploradores

Quedarse en la vida y hacerlo con dignidad no es ningún logro personal: es la consecuencia de tanto amor. Por eso sé, porque es su regalo definitivo, que aún me queda por estrenar la primera vez que fui feliz sin él. Mientras tanto, yo sólo:

 

“Te regalo la lágrima que se muere al filo de los ojos por
Temor a alcanzarte con su sal y su herrumbre

Te regalo todas las palabras, aquellas que me brotan a tu paso
Y las que se me quedan prisioneras, retumbando por
Dentro, invocándote a solas

Te regalo los días y las noches en que tu ausencia escarba una
Fractura, abre un pozo sin fondo por donde merodean las
Tinieblas, un boquete de sombra que sólo tu regreso ha de
Llenar

Te regalo ese don que no merezco pues sin ti no podría convocarlo,
Como en la piedra solitaria nada engendra la
Chispa si no hay roce

Te regalo mis ganas de vivir, de quedarme a tu lado para
Siempre y que el sueño me alcance muy dulce entre tus
Brazos”.

Eduardo García: “Aniversario”

Publicado en: Carmen