Hola Pascual,
No sabía muy bien qué escribirte, pero me apetecía mucho hablar contigo. Te reirás, seguro; además de esa forma tan exagerada como tú sólo lo haces y fumándote un cigarrillo. Lo cierto es que, como recordarás, no soy creyente, y sin embargo siento algo muy extraño… te noto aquí, y desde luego que tienes que estar viéndonos desde no sé dónde… ¿verdad que eres mágico? Esta vida no puede ser tan injusta como para que todo haya terminado tan pronto para ti.
Te has ido… y aún te quedaba mucho, porque tendrías que estar cuando Belén salga con una minifalda de casa para decirle: ¡a ver dónde vas así! o cuando Jorge quiera tener una moto o cuando preguntaran ¿papá cómo éramos de pequeños?
Pero ahora Carmen tendrá que hacerlo por ella y además por ti.
No tengas dudas de que Carmen ha sido muy afortunada y también tus hijos. Y no te preocupes porque no vamos a dejar que tus hijos se queden sin momentos especiales y divertidos que hemos compartido contigo, porque todos los que te conocemos le contaremos el padre tan especial que “tienen”.
