Pascual Fernández

Pascual Fernández

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Conocerte fue quererte

24 de marzo de 2008 por Carmen

Conocí a Pascual hace aproximadamente quince años. Fue un día que acompañé a Carmen (quien después sería su futura mujer) a la autoescuela donde el trabajaba; fuimos a pedir información para Carmen, que se quería sacar el carné de conducir. Él, como siempre, nos atendió con esa alegría y simpatía que le caracterizaba. Tiempo después, Carmen y Pascual se casarían en una ceremonia preciosa y sencilla, como eran ellos. Yo me alegré mucho, hacían muy buena pareja; los dos se merecían y habían luchado mucho por ello.

Pascual era un “tío genial”, vitalista, luchador, honesto, buena gente y siempre tenía esa sonrisa de niño grande en su cara. Carmen, fantástica (qué os voy a decir yo con lo que la quiero; era una niña cuando la conocí); todos los valores de Pascual eran los suyos; parecían almas gemelas, por eso se complementaban tan bien.

Mi relación con Pascual era por tanto a través de Carmen, mi vecina y amiga desde hace 20 años, por eso coincidíamos mucho en casa de sus suegros cuando iba a llevar o a recoger a sus hijos Belén y Jorge a los que adoraba y a los que quiero como míos propios.

Pascual era una persona tan cercana y cariñosa, que aunque tardáramos en vernos semanas enteras, hacía que te sintieras como si fuéramos amigos de toda la vida y estuviésemos siempre juntos.

Veía a Pascual, casi siempre a la hora de la comida, en el garaje o en casa de los padres de Carmen. Me recibía siempre con ese buen humor y sus habituales bromas, haciendo mención a mis faldas cortas y botas altas, los cuales eran motivo de su risa durante un buen rato entre Carmen, Jose (su suegra) y los que estuviésemos en ese momento. Yo le decía: “¡dame un beso hombre! Que cada día estas más guapo y más grande; ¿qué haces?” Y él respondía: “Mi suegra que me quiere mucho y me cuida bien”. Después seguía diciéndome: “y no es que yo esté más grande, es que tú estás más pequeña”. Ese era Pascual, siempre tenía una palabra amable, una broma, una sonrisa para alegrarte el día, nunca lo vi serio, era su forma de ser, su signo de identidad.

Pascual, nuestro amigo, era un hombre grande, pero también un gran hombre, bondadoso, generoso, vital, alegre…

Por eso cuando su cuñada Belén (a la que quería como una hermana, igual que ella a él) me llamó para darme la noticia, no me lo podía creer, nos pusimos las dos a llorar, no podía hablar; sólo atiné a decir: “Dios, qué injusto y loco es este mundo”. Cómo un ser tan lleno de vida, de alegría, de bondad, de ilusión pos rus hijos, por Carmen, por sus amigos, por todo, podía irse tan rápido y sin tan siquiera avisar. Pero ese era Pascual, hasta en su último momento pensó en los demás, no quiso hacer sufrir a los suyos y se fue en silencio, su falta de egoísmo la demostró hasta el último día de su vida.

Amigo Pascual, sólo que queda decirte que tu amiga “la Antonia” (como tú con gracia me decías) te echará siempre de menos, como todos, pero no me cabe la menor duda de que ahí donde estés, habrás sembrado tu vitalidad y alegría características, la misma que un día nos dejaste a nosotros.

No te preocupes por tus hijos y por Carmen, entre todos aportaremos nuestro granito de arena y los ayudaremos a superarlo. Ya se que hay momentos tan duros y dolorosos en la vida que nunca se terminan de superar, pero tendremos que aprender a vivir con ellos.

Querido Pascual, siempre te recordaré como la gran persona que eras, porque CONOCERTE FUE QUERERTE Y DE TU MARCHA APRENDÍ QUE UNA AMISTAD VERDADERA CONTINÚA CRECIENDO AUN EN MEDIO DE UNA GRAN DISTANCIA.

Un beso guapo, ya nos veremos.

Toñi Morales

 

Publicado en: Recuerdos