HOMILÍA DEL FUNERAL DE PASCUAL
Queridos hermanos: ¡Paz y Bien!
Carmen, que no te lo robe. Que el dolor no te robe a Pascual. No sería justo. El amor siempre es más grande que el dolor. Y perdonadme el resto de la familia, y los amigos y compañeros, que me dirija a Carmen, pero es que tengo una deuda muy grande con Pascual y Carmen. Ellos, preparando su boda, me enseñaron a amar. Y de alguna forma tengo que agradecérselo.
Lo quiero hacer, Carmen, ayudándote a despedirte. Y a despedirte en cristiano, que es la mejor manera de hacerlo.
Es muy simple. Basta decir: «Con Dios, Pascual, con Dios».
No sé si aquí en tu tierra se utiliza este saludo. Yo soy de un pueblecillo de Albacete, y de pequeño, cuando la gente pasaba por la calle y saludaba, se le solía decir eso: «Vaya usted con Dios». A veces se abreviaba, y decían: Con Dios, Fulanico.
Y esta mañana, para despedir a Pascual, no se me ocurre nada mejor que decirle lo mismo: Con Dios, Pascual, ve con Dios.
En mi pueblo también se empleaba el saludo de otra manera. El que se marchaba decía: Quede usted con Dios. A menudo se solía abreviar igualmente: Con Dios, Menganito.
Y a Pascual, como cristiano recio y hombre amigable, esa despedida, sencilla y creyente, le hubiera pegado mucho, y más con su vozarrón: Señores, queden ustedes con Dios.
Porque lo más importante de esas formas de cortesía tan de pueblo, es que siempre se desea para el otro la compañía de Dios: Vaya usted con Dios, quede usted con Dios.
Quizás es muy pronto para ti, Carmen. Y es lógico, porque ha sido todo prematuro, como nos decía la primera lectura. Pero si nuestro futuro es estar siempre con el Señor, como revelaba san Pablo, ese saludo se lo desea. Ahora mismo no puedes, lo sé, pero tendrás que conseguir decirlo: Con Dios, Pascual, con Dios.
Y, permíteme, Carmen, que por el amor que vosotros dos me enseñasteis, te diga, de su parte, y con todo respeto: Queda con Dios, Carmen. Queda con Dios, Belén y queda con Dios, Jorge.
Y todos vosotros, familiares, y amigos y compañeros, de parte de Pascual, quedad también con Dios.
Lo que dicen los físicos de la energía lo decimos los cristianos del amor, y con más razón: el amor ni se crea ni se destruye, simplemente nos lo vamos pasando. Todo el amor de Dios nos lo dio Cristo y nosotros, amando, nos lo vamos pasando. En Pascual creemos y esperamos que el amor ha llegado a su meta, ha vuelto a su fuente, ha cumplido su tarea y vuelve a Dios.
Y todos los que hemos sido bendecidos por el amor de Pascual, por su cariño y su amistad, debemos dar gracias porque su vida mejoró nuestras vidas. La tuya más, Carmen, porque a ti se te dio todo entero.
Los sabios y entendidos no lo comprenderán jamás, como ha dicho Jesús, pero nosotros, los sencillos, sí que lo entendemos. Lo comprendemos dolorosamente, con agobio, lágrimas y cansancio desde ayer. Y por eso hemos acudido a Él, y a él, a Cristo, le traemos esta mañana todo nuestro amor a Pascual.
Y hoy, definitivamente, Pascual sabe ya todo el amor que se lleva y todo el amor que nos deja. En muy poco tiempo, es verdad. En demasiado poco tiempo dirás tú, Carmen. Pero mucho amor, que es como decir mucho Dios.
Pero, te repito, no tengas más dolor que amor has tenido. No dejes de amar, Carmen. No sería justo. Ni para ti ni para Pascual. Tampoco para los críos.
Con la misma fe que compartiste con él, y con el mismo amor con juntos habéis construido vuestra familia, encomiéndaselo esta mañana a Dios.
Y di, como nosotros lo decimos:
Con Dios, Pascual, con Dios. Ve con Dios, y queda con Dios.
Con Dios, Pascual; siempre con Dios.
José Mª Roncero.
