Dadle la mano,
es nuevo ahí…
en ese sitio extraño
como un abismo desde aquí.
MCLAN
Aunque acaba de cumplir seis años, aún no se ha acostumbrado a la oscuridad. Todas las noches le enciendo la lámpara que alguien te trajo de un viaje a Marruecos. La mayoría de las noches, ese simple gesto, que se ha convertido en todo un ritual de la antesala del sueño, es suficiente. Pero, hay noches, ya de madrugada, en las que oigo su voz que me susurra que tiene miedo; ni siquiera tengo ya que levantarme, desde mi cama repito como en una monótona letanía: “estoy aquí, no pasa nada…”
Pero, después, me resulta muy difícil conciliar el sueño. Y sigo repitiendo en voz muy baja: “estoy aquí, no pasa nada…”, confiando en que mi voz llegue a ese otro lugar en el que tú estás.
Y sé que ya no podré dormir en las próximas horas, atenazada por la angustia y la tristeza, preguntándome una y otra vez si por fin te habrás acostumbrado a la oscuridad. Y me siento impotente y suplico como el loco que reza a cien dioses:
Hasta que se acostumbre a la oscuridad …
os pido que le hagáis un lugar.
No cerréis la puerta, no dejéis de hablar.
Y me pregunto:
¿Cuánto tiempo tiene que pasar
hasta que me acostumbre a la oscuridad?
Y es entonces cuando me invade la certeza de que nunca acabamos de acostumbrarnos a la oscuridad; de que este quinto año encierra más luto que los anteriores; y de que el frío intenso me acompaña, como una mentira mal disimulada; como un secreto a voces, con el que, a veces, juego al escondite y cuando soy yo quien gana, me creo a salvo de la muerte, pero cuando soy yo quien pierde la partida, me sé descubierta para siempre… sin maquillaje tras el que esconder las grises ojeras de las noches de insomnio.
Dadle la mano,
es nuevo ahí…
en ese sitio extraño
como un abismo desde aquí.Se quedó sumergido
engañando al tiempo bajo un iceberg,
burbujas que se pierden…
y ya no alcanzo a verHasta que se acostumbre a la oscuridad…
os pido que le hagáis un lugar.
No cerréis la puerta, no dejéis de hablar.¿Cuánto tiempo tiene que pasar
hasta que se acostumbre a la oscuridad?Ahora es el centro de un radio infinito,
en un eclipse eterno… un cortocircuito.
Vosotros que llegasteis antes… decidle la verdad,
¿por qué este frío intenso?, ¿por qué esta soledad?.Hasta que se acostumbre a la oscuridad…
os pido que le hagáis un lugar.
No cerréis la puerta, no dejéis de hablar.¿Cuánto tiempo tiene que pasar
hasta que se acostumbre a la oscuridad?Ei, vosotros, no sé si estáis ahí…
¿por qué no contestáis? .. o ..¿es que no me oís?Hasta que me acostumbre a la oscuridad…
os pido que me hagáis un lugar,
que no cerréis la puerta .. no dejéis de hablar!¿Cuánto tiempo tiene que pasar
hasta que me acostumbre a la oscuridad?
Hasta que me acostumbre a la oscuridad…Muy abajo, más allá…
el frío intenso y la profundidad.Muy abajo, más allá…
el frío intenso y la profundidad.La oscuridad. M-Clan Letra.


Siguen sucediendo cosas que yo permito quizá tan solo porque ya no me duelen tanto, tal vez, porque, aunque plagadas de ironía, me permiten recordar a Pascual; jugar incluso, por un instante, a imaginar que él sigue vivo. Os pondré un ejemplo: el titular de la tarjeta de el corte inglés era Pascual. Ahora que lo pienso, yo apenas tenía entidad en el mundo burocrático, él tan atento siempre, me evitaba cada vez que podía el enojoso trato con el mundo real; ahora, en cambio, me he convertido en titular de todo lo habido, excepto de la tarjeta de el corte inglés, por dejadez, por evitarme el engorroso momento de volver a enseñar su partida de defunción para darlo de baja, o tal vez por las dulces mentiras que me proporcionan en los últimos años, cuando el día de su cumpleaños recibo puntualmente una sincera felicitación de cumpleaños.
Llevaba meses pensando en esta frase. Había releído el cuento del que forma parte una y otra vez. Estando en la playa, decidimos matar una de esas tardes desapacibles con un cine para toda la familia. Elegimos la única peli infantil: Up, y allí acudimos pertrechados de comida, conscientes de que Jorge apenas aguantaría media película. Comenzamos a verla e, instintivamente, miré hacia donde estaban sentadas mi hija y mi hermana, y sus caras me hicieron comprobar que hemos perdido la inocencia del espectador: que asume la mentira del cine olvidando sus propias verdades. Intenté seguir la película, ajena a aquella sala y a lo que allí sucedía, hasta que escuché aquellas palabras: “tu aventura ha terminado, debes comenzar otra”. Y, entonces, lo entendí todo: durante todo este tiempo he buscado la bendición de Pascual para poderlo dejar marchar.
En los últimos meses me repito a mí misma continuamente que “Dios se ha olvidado de nosotros”. No esconden estas palabras, lejos de su apariencia, amargura o resentimiento; albergan, en cambio, una profunda esperanza, porque si esto es sólo un olvido por parte de Dios, confío en que, pronto, recupere la memoria.